Votar puede ser sinónimo de ‘saltar’ y también de ‘echar fuera a alguien’, sólo hay que cambiar la ‘V’ por la ‘B’.

Y es posible que en noviembre, en España, no pase ni una cosa ni la otra.

Saltar con entusiasmo por ir de nuevo a otras elecciones creemos que no va a hacerlo ni el que espera sacar algún rendimiento de ello, y echar a los que están del lugar en dónde están mucho nos tememos que va a ser un camino de ida y vuelta (mismos escaños con personajes similares).

Con este panorama, el autónomo y pequeño empresario (especialmente los ya curtidos tras unos años de lucha sin cuartel) deberán levantarse todos los días, lavarse la cara, ponerse la careta de ‘todo bien’ y salir a la calle a responder la sempiterna pregunta ¿Qué tal todo?

Pero la realidad es que las cosas para esos autónomos con experiencia no pintan muy bien. Y puede que al finalizar el año, y de cara a 2020, vayan todavía peor (gane quien gane las elecciones en noviembre).

En primer lugar porque el mundo sigue girando. En Cataluña leerán con atención la sentencia del Supremo y, tanto los políticos catalanes que están en prisión como los que están haciendo ‘turismo’ por Europa, moverán cielo y tierra para que su situación cambie… piense el resto de España lo que piense.  

En segundo lugar porque Gran Bretaña, mientras tanto, estará afilando los pasaportes (al fin y al cabo eso de la Commonwealth y los paraísos fiscales lo inventaron ellos), y, en el continente, Alemania temblará al ritmo del número de convulsiones que le falten a Merkel para irse a descansar. Si a esto le sumamos que en las pasarelas de la alta costura francesa desfilarán más chalecos amarillos que nunca, que el petróleo nos dará nuevos sustos y que China y EEUU, con el permiso de Rusia, seguirán compitiendo para ver “quién la tiene más grande” (la economía), parece cada vez más cierto eso de que esta humanidad no tendrá ‘Planet B’.

Y si lo de fuera no ayuda, lo de dentro, lo local, menos. En Galicia cuando apenas hayamos tomado las uvas ya estaremos de vuelta en una nueva campaña electoral, lo que significa más reproches a los de Madrid, más promesas imposibles de cumplir y un exponencial aumento del hastío hacia la política y una mayor desafección, si cabe, hacia los propios políticos.

Nuestro emprendedor por necesidad, autoempleado forzado por una crisis que él no supo ver a tiempo (pobriño), al que le vendieron la ‘moto’ de que emprender era ‘guay’, cuando ve todo esto sólo piensa que esta vez sí está preparado para el déjà vu, y espera escuchar muy pronto las mismas recetas mágicas de otro tiempo que parece muy lejano pero que no lo es tanto: “Sé tu propio jefe” “Toma las riendas de tu vida” “Aprende a emprender, cualquiera puede lograr el éxito” “Esta administración te ayudará en lo que necesites” y, cuando lo piensa, ya se imagina a muchos caminando hacia la ‘luz’ como un día lo hiciera él. En fin, ya sabemos que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”. Con lo que duele.

No es que a nuestros experimentados autónomos ya les dé todo igual o se hayan vuelto especialmente cínicos, ni mucho menos, es que saben (en carne propia) que todas las promesas que les harán (de nuevo) los políticos sólo traerán más de lo mismo: más impuestos, más burocracia y más leyes absurdas que cumplir.

Por eso si les proponemos elegir entre ‘v’ y ‘b’ seguro que elegirán ir a ‘botar’, es decir, a echar fuera de su vida a todos esos políticos incapaces que, cuando la mano de cartas que les ha tocado en suerte no es la que les gusta, en vez de intentar ‘jugar’ como haría cualquier autónomo -aún a riesgo de perderlo todo-, prefieren barajar de nuevo y esperar mejor fortuna (y así sucesivamente). ¡Cobardes!

 

ASCEGA. En A Coruña a 30 de septiembre de 2019