Cuando descubrió que Facebook no significaba ‘Caralibro’ canceló su cuenta.

Aunque ya sospechaba algo, porque era imposible encontrar la pestaña ‘libros’ entre la de ‘noticias’ y la de ‘amigos’, cuando puso en Google “Facebook traducción” lo acabó confirmando.

Él estaba especializado en buscar en Google cosas que no arrojaban ningún resultado, era su hobby. Lograr que signos de puntuación, interrogaciones, palabras inexistentes o secuencias de números volvieran loco al buscador era una de sus aficiones preferidas.

Aunque los tres botones en la chaqueta del traje han dejado de llevarse hace mucho tiempo él está convencido de que la moda siempre vuelve sobre sus pasos y que, muy pronto, seguro, serán tendencia de nuevo.

¿Cuántos años habían pasado desde el día en qué entró en aquella tienda de la calle Serrano en donde había comprado en rebajas el Ermenegildo Zegna? Ya ni se acordaba, pero sí tenía muy claro lo que había pagado por él: sólo 700 €, la misma cantidad que hoy tiene para intentar llegar a fin de mes.

Por fortuna, en aquellos días de vino y rosas, la calidad de ciertas prendas era proporcional a su precio y es ahora cuando puede dar fe de ello.

El cocodrilo apenas encuentra asidero en la fina tela en la que se ha convertido su polo blanco preferido, pero la sensación que le proporciona lucirlo en el pecho cada verano es mucho más importante para su moral que cualquier conclusión aventurada de un observador avezado que sea capaz de adivinar la precariedad en la que está instalado.

Ella entró por el garaje del hotel sin que nadie pudiese verla, o eso le pareció, la cámara de seguridad se fijó especialmente en el nuevo aspecto que tenía esa noche, daba la sensación de que hubiera pretendido hacerse pasar por otra persona, casi podría decirse que no era ella, pero lo era.

Él entró por la puerta principal del hotel, con paso firme y rápido se dirigió a la recepción y, como había supuesto cuando reservó la habitación, a esa hora de la noche lo recibió el empleado que siempre hacía el turno de noche, un chico joven, con cara de despistado que pasaba las largas y solitarias horas nocturnas mandando mensajes a sus amigos a través de las redes sociales sin prestar demasiada atención a lo que sucedía a su alrededor.

La mayoría ya habían nacido cuando Los Bravos lanzaron su famoso hit en 1966, y quizá porque en su subconsciente se les quedó grabado el estribillo como algo divertido, cuando las tarjetas  negras llegaron a sus manos, pensaron que no sólo se las merecían sino que nada de malo había en darles un uso importante.

Todos hubiésemos hecho lo mismo ¿tú no?

Es verdad, perdón por generalizar, tú eres de esa estirpe inmune a las tentaciones y estás alejado de la debilidad humana que a los demás nos hace mentir, codiciar, mirar para otro lado…

“Hijo mío, si quieres robar mucho, pero mucho, estudia contabilidad”

Como si decidiésemos rebuscar en los bolsillos de un viejo abrigo, los españoles nos hemos encontrado con 26.193 millones de 2013 que ni siquiera sabíamos que estaban allí.

La paradoja es que no encontramos los billetes. Aparentemente, cuando miramos dentro de esos  bolsillos, estos parecen estar llenos de dinero, pero cuando metemos la mano para cogerlos no logramos agarrar ni un mísero ‘bin Laden’ .

Lo bueno es que, ahora que llega el invierno, podemos ponernos de nuevo el abrigo y dirigirnos a cualquier banco donde veremos como, de forma casi milagrosa, nuestra capacidad de endeudamiento ha aumentado sin razón aparente.

Este es el único término que me faltaba por acuñar en el proceloso mundo del emprendimiento.

Estoy especialmente orgulloso de haber dado cuerpo a la palabra ‘emprendesario’ o al vocablo ‘emperdedor’ pero ninguno de ellos tiene tanta carga de profundidad en estos momentos como ‘desemprender’ o su variante ‘desemprendedor’.

Desemprender es nadar contra corriente, es ir en contra de la moda que nos envuelve de que todo el mundo puede montar un negocio o crear su propia empresa.

Desemprender es enarbolar un discurso realista y echarse a un lado cuando uno conoce sus limitaciones y sabe que el autoempleo no es lo suyo.

Desemprender es ser coherente incluso antes de haberlo intentado, es reconocerse a uno mismo en el espejo de un hipotético fracaso y apartar la mirada.  

Metáfora de nuestras carreteras en cualquier puente: algunos pueden circular a una velocidad adecuada, otros van como ‘motos’ rozando la ilegalidad y, la mayoría, estamos ‘atascados’.

La situación económica general es igual para todos sólo que a unos les ha cogido en la carretera correcta y con el coche lleno de gasolina y a los más sin pasar la ITV, con el chivato de la reserva tocando las narices y en una infame vía en obras en la que sólo tienes dos opciones, parar en el arcén o aborregarte pensando que sería mucho peor estar parado.

Apo tiene una edad, aunque no quiere que se sepa. Negro como la mayoría de sus compañeros, ahora está algo teñido: de rojo y de roja. De sangre y de España.

Apo tiene una patria pero no le importará relegarla a lo más profundo de sus recuerdos por un tiempo. Todo porque no quiere que más de dos años de viaje acaben en el mismo lugar donde empezaron.

Apo tiene una madre y, probablemente, un padre, aunque no lo haya conocido jamás. Y también una hermana, Amila, al menos es así como aparece en su perfil de Facebook, porque Amila tiene Facebook, y Apo también.

Una página en la que ha ido relatando su odisea cuando ha podido acceder a Internet desde su subsahariano teléfono móvil. Un muro lleno de fotos que nos hablan más de una huida que de una emigración.

Apo hoy está feliz, su sonrisa le delata, en la última foto que ha subido a la red esa sonrisa es más blanca que nunca, media luna que refulge como seguro lo hizo el satélite en algunas de las noches frías en las que Apo durmió mirándolo fijamente.

Ahora que está tan de moda hablar de cultura emprendedora, empredimiento y hasta emprendizaje, echo en falta el que se destaque algo sin lo que ninguna empresa puede aspirar a ser perdurable en el tiempo, quizás porque los, sin duda mal denominados, “agentes sociales” se han ocupado de fomentar una posición de enfrentamiento empresa-trabajador. Cuando escuchas sus declaraciones, las de ambas partes, sólo se habla de condiciones y derechos, de reivindicaciones unilaterales, y olvidan, o quieren olvidar, que inevitablemente deben de tener un objetivo común: que a la empresa le vaya bien. Así de simple.

El otro día, caminando por la calle Montera de Madrid, a escasos metros de la Puerta del Sol, en una tarde noche abarrotada de paseantes, turistas, arribistas y demás fauna de diverso pelaje, me vino a la mente el despropósito de nuestro régimen especial de los trabajadores autónomos donde la mayoría de los emprendedores estamos porque no nos queda más remedio y donde a las prostitutas que, en ese y en otros muchos lugares de España, prestan, sin ningún interés, por cierto, sus servicios sexuales a todo aquél que esté dispuesto a pagar el precio que piden, no les dejan entrar.

El día 28 de Mayo de 1816 Thomas Jefferson, tercer presidente de los Estados Unidos de América, escribió una larga carta a un amigo suyo llamado John Taylor.

En dicha misiva, entre muchas otras, aparece exactamente esta frase:

"I sincerely believe, with you, that banking establishments are more dangerous than standing armies."

“Creo, sinceramente, como tú, que los sistemas bancarios son más peligrosos que los ejércitos.”

La leyenda que se va gestando con el paso del tiempo en torno a la figura de un personaje tan especial como Jefferson es un ‘caldo de cultivo’ perfecto para poner en su pluma algunas palabras más cáusticas: 

En la vida hay que estar siempre dispuesto a empezar de nuevo, aunque cueste ‘un huevo’.

Alguien dijo una vez: nadie debería emprender en España sin haber visto antes este vídeo:

Quizá exageraba, o quizá no.

Y usted ¿qué opina?  

Interpretado por Manuel Dafonte este pasado mes de julio.

Los argumentos que en la actualidad se utlizan sobre lo necesario de poner en nuestro currículum “disponibilidad geográfica” se centran en tres obviedades que son incontestables: el mercado es global, en nuestro país no hay trabajo y fuera de nuestro país hay trabajo (dónde y de qué...pero eso ya es otra historia).

Tener que desplazarse por necesidad, cuando no por desesperación, no es la más fácil de las decisiones, y más si ya nos hemos metido en la “espiral de las responsabilidades” (léase pareja, hijos, hipoteca y demás). Esta decisión es la que actualmente están tomando muchos españoles (los que pueden y han tenido suerte) y que a otros les gustaría poder tomar (los que no están preparados o la diosa fortuna les esquiva).

Siguiendo con los artículos que unen el arte y la cultura con el mundo de los negocios, hoy vamos a tratar un tema que cada vez está más en boca de todo el mundo: Reinventarse.

Todos conocemos cómo nació el concepto del puente colgante; el arquitecto del primer puente de estas característica llevaba una larga temporada pensando en cómo salvar la distancia tan grande que tenía que unir sobre el mar, cómo pasarían los barcos por debajo y que no se derrumbase (algo importante). Su tensión y estrés era tal que no podía ni dormir. Su mujer, cansada de esa situación, le dijo que la solución era muy fácil: "que le de la vuelta al puente". Con algo tan sencillo consiguió hacer cambiar el punto de vista y encontró una solución para el reto a realizar.

Ya decía mi abuela que “los cargaba el diablo”, refiriéndose a los teléfonos móviles y a su creencia de que las conversaciones a través de ellos eran mucho más fácil que pudiesen escucharse por otras personas además de por los dos que se intentaban comunicar (quizá estaba muy influenciada por lo que pasaba con los teléfonos inalámbricos de primera generación que captaban las conversaciones de la vecina y hasta la señal de radio de la policía si pasaba por ahí).

Lo que no se imaginaba mi abuela era que las balas tuvieran forma de SMS.

¡Qué buenos tiempos aquellos en los que una cerilla bastaba para hacer desaparecer la nota manuscrita que nos comprometía!

Hace ya tiempo que circula por las redes sociales un chiste que siempre consigue arrancarme una sonrisa. Se trata de una entrevista de trabajo en la que ponen al candidato a prueba sobre sus conocimientos de inglés preguntándole “cómo se dice mirar en inglés”, a lo que el candidato responde “look”. A continuación le piden que construya una frase con ese verbo, y el candidato, un fenómeno, responde “Look, yo soy tu padre”....y lo contratan (supongo que a casi nadie habrá que aclarar en qué famosísima película se hizo célebre esa frase).

El mito del emprendedor, la mitología del emprendimiento.

No se trata de crear nuestra Galatea, pero sí de encontrar algo que se le parezca lo máximo posible, varias veces, las veces que haga falta.

El emprendedor, cual Pigmalión, sueña con una empresa capaz de hacerle feliz, un lugar en el que el éxito económico y el placer de trabajar se combinen el máximo tiempo posible.

Me fascinó su sonrisa, auténtica, natural, en perfecta simbiosis con la versatilidad de su montura de goma y metal.

Me fascinó toda ella, especialmente su sentido del humor y, por qué no, su capacidad para coger los sueños con las manos.

Desde el escenario me estaba contando su vida, sólo a mí, cual café improvisado entre dos personas que se acaban de mirar a los ojos y parecen conocerse desde hace cientos de cafés.

No me impresionó tanto el número imposible de medallas olímpicas que han colgado de su cuello como la luz que irradiaban sus ojos cuando hablaba de su hijo, el ‘oro’ más importante que había llegado a su vida.

Las risas del auditorio me devolvieron a la realidad, no estábamos solos, ella estaba tomando ese improvisado café con cada una de las cuatrocientas personas que llenaban la sala, conectada emocionalmente con todas ellas.

ASCEGA participa en el programa "Catalizador de Oportunidades de emprendemento xove transfronterizo" (acrónimo LIDERA)

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