El pasado día 21 de noviembre nuestros asociados Beatriz y Jorge Borrajo, hermanos y socios de Kreston Iberaudit, como expertos juristas y economistas que son, reunieron en un Desayuno Profesional a muchas personas interesadas en saber cómo actuar ante la intempestiva visita de un Inspector de Hacienda a su lugar de trabajo. 

Según iban desgranando su presentación, las caras de los allí presentes iban 'mutando' hacia un rictus que podría definirse como previo al pánico en algunos y de total estupefacción en otros.

El hecho de que alguien con un carnet de funcionario de la Agencia Tributaria pueda entrar en tu negocio y extraer datos de tu ordenador por el simple hecho de que la ley lo cualifica como 'autoridad' ya nos da la medida de lo indefensos que podemos estar los autónomos en este país. 

Lo cierto es que, tal y como los hermanos Borrajo nos explicaron, contar con un buen asesoramiento es clave para saber cómo actuar en un momento tan crítico como este y, yendo a cuestiones prácticas, ese asesoramiento se debe materializar en cuestiones concretas: la primera de ellas es tener un protocolo de actuación del que cualquier empleado o nosotros mismos podamos echar mano en el instante que el Inspector esté entrando por la puerta junto con los informáticos que suelen acompañarle (un protocolo escrito es una 'chuleta' donde podamos leer los pasos que debemos seguir: pedir la identificación de los que pretenden 'pinchar' nuestro ordenador, informarles de si el responsable jurídico del negocio se encuentra o no en ese momento presente, ya que es el único al que pueden requerir para que firme la diligencia de inspección, leer pausada y atentamente la diligencia y llamar a nuestro asesor fiscal para intentar que esté presente o, al menos, que nos acompañe telefónicamente en estos pasos que estamos dando). 

Todo lo anterior, en la mayoría de los casos, no paraliza la actuación inmediata del Inspector pero, al menos, nos permite serenar los ánimos y ganar tiempo. Lo único que podría protegernos para no tener que entregar de forma inmediata nuestra 'intimidad' a las personas de la Agencia Tributaria que blanden la memoria usb como un chuzo que quisieran clavarte por la espalda, es que el hardware que guarda la información contable y financiera de nuestro negocio esté en un lugar no abierto al público, un lugar privado dentro de nuestras instalaciones que se pueda considerar como tal (con una señalización adecuada y con una cerradura de la que, en teoría, sólo el responsable del negocio tenga llave). 

 

Ese recinto considerado 'privado' en nuestra nave, local u oficina es lo que podríamos equiparar a nuestro domicilio particular que, por ahora, es inviolable sin una orden judicial. 

En resumen, si queremos ser nosotros los que aportemos la información que nos piden (algo obligatorio) en vez de que sean 'ellos' los que nos la 'sustraigan', tengamos esa información 'sensible' almacenada en el lugar adecuado, ese que, a partir de ahora, tendrá un cartel en la puerta que diga "Zona Privada" "Domicilio Constitucionalmente Protegido" y al que se le podría añadir un poco más abajo "Cuidado, Autónomo Suelto" que es como deberíamos estar los autónomos, libres, y, sin embargo, cada día que pasa la 'jaula' en la que estamos es más pequeña… y sin ventilación.

*Y, como siempre, gracias a Bonilla por los magníficos churros que pudimos degustar al acabar la exposición de los hermanos Borrajo.


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