Artículo de Opinión de Carlos Sánchez González Dans

En medio de este panorama, nuestro gobierno, realiza una jugada que pone en peligro la unidad territorial y el estado de derecho. Sé que muchos votantes creen que somos lo bastante fuertes para soportar lo que sea, yo no lo creo.

Pasa a casi todos los niños en España, no a todos, por desgracia, el creer que el plato en la mesa está y estará siempre. Pasa con la ropa en el armario, más o menos, con el agua en el grifo o la corriente en el televisor. A esto lo llamamos primer mundo, cosas de pertenecer a un país desarrollado en el marco de una unión de países ricos, la UE. Pero no se equivoquen, los griegos también pensaban que su pensión estaba asegurada, su plaza de funcionario era fija y el que más y el que menos era un ciudadano europeo con todos los beneficios que ello conlleva.

La deriva que llevamos como país me hace predecir platos vacíos, cortes de luz, carreteras inutilizables, tasas de paro del doble que ahora y otras medidas que prefiero no enunciar.

Las medidas de este gobierno las podría soportar Alemania durante unas décadas, pero a Portugal, Grecia o España no se nos debería ni pasar por la cabeza, porque no tenemos músculo para resistir tanta estupidez tras décadas de estupideces de menor enjundia, pero que han ido sumando.

Con la deuda que tenemos sobre PIB, con la situación de nuestras empresas, con las imposibles cifras de paro, con la crisis del Covid vapuleándonos a nosotros y a nuestros prestamistas, con todo este panorama, llega nuestra tabla de salvación, nuestra última vida extra (como en los video juegos) y el gobierno oculta su destino e impide la creación de un grupo independiente que controle esas inversiones, lo que me hace temblar mucho.

Por poner un solo ejemplo, la ministra del ramo cierra las térmicas, no se renuevan las renovables ni las nucleares y tenemos las mismas hidráulicas que se crearon con Franco. Todo esto tras pasar una crisis del carajo en los últimos años y todo el covid. En paralelo nos venden, a comienzo de legislatura, unas medidas de cuento de hadas que “al fin van a solucionar los excesos de las eléctricas”. ¿En que deriva? En la mayor subida de tarifa que se recuerda, durante el mandato de un gobierno que venía a solucionarlo y que tras reducir el IVA de la factura a casi la mitad, como gran solución, continúa dejando una tarifa un 30% más cara dentro del bolsillo de los consumidores. Sobre lo de planchar de madrugada, la otra gran solución, prefiero no opinar aunque habrá que hacerlo. Pues blanco y en botella, los experimentos con gaseosa o cualquier otro refrán que se les ocurra.

En medio de este panorama, nuestro gobierno realiza una jugada que pone en peligro la unidad territorial y el estado de derecho. Sé que muchos votantes creen que somos lo bastante fuertes para soportar lo que sea, yo no lo creo. También sé que muchos españoles creen que es una decisión acertada. A estos últimos sólo les pido un ejercicio, imaginen que esto mismo lo hace otro partido distinto hace cinco años. No lo aceptarían, ¿verdad? Ya, claro.

Hoy venía en prensa que la carretera nacional Lugo-Orense, con baches donde podría vivir una familia de cetáceos, precisa una inversión de 12 millones para reparar el asfaltado. Entre tanto, los sufridos conductores, destrozan sus coches. Y cuando sale en prensa es porque no hay ese dinero para repararla, caso contrario se habría hecho ya. Prepárense para muchas carreteras impracticables, cortes de luz, cifras de paro mucho más grandes, bajadas de pensiones, bajadas de sueldos, desaparición de empleo público y mil cosas más que ni se les pasarían por la cabeza. Todo lo anterior sin la ayuda de Bruselas o con ayuda condicionada a restricciones casi imposibles pero necesarias.

¿Imaginan una empresa en quiebra qué, tras recurrir a un crédito extraordinario del banco, previa hipoteca de todo el patrimonio de sus socios, dedicase el importe del crédito a aumentar plantilla, mejorar sueldos, construir una nueva sede de la compañía, renovar todo el mobiliario y los vehículos de la empresa? Pues eso es España, nos guste o no es lo que elegimos. Vamos hacia el fin de la película, como en Thelma y Louise. Veremos si hay segunda parte y con qué presupuesto y director se rueda, esperemos que no la titulen “Terminator”.