Votamos la Constitución en las urnas, como norma fundamental de nuestra democracia, para iniciar una nueva vida como país.

Muchos fueron los caminos que se tomaron desde entonces, arriesgados unos y otros tremendamente difíciles, pero siempre intentando respetar las reglas del juego.

Si algo caracteriza a este gobierno es su imaginación.  Desde el inicio ha tomado decisiones fuera de toda lógica y pasando por encima del statu quo, elección de la fiscal general, pactos con los herederos de la ETA y otros partidos abiertamente no constitucionalistas, gobernar a golpe de decreto obviando al Parlamento durante un Estado de Alarma muy sui generis, etc.

Ahora,  concede el indulto a quienes han puesto en peligro la convivencia y la unidad nacional, contra el parecer del tribunal sentenciador y de la fiscalía, sin haber sido solicitado por los condenados, sin haber mostrado arrepentimiento, con manifestaciones de que volverán a actuar igual y saltándose con todo ello la separación de poderes, base de nuestro estado de derecho, una vez más.

Hace falta motivar tal indulto y, no habiendo arrepentimiento o rehabilitación, salen con que es por “interés público”. ¿De quién? ¿De los delincuentes y los suyos? .¿De los separatistas?  .Desde luego no hay interés público de país, no es interés general o en todo caso es más que dudoso que lo sea, siendo por tanto un argumento muy débil sobre una decisión que puede quebrar el país y la unidad.

El problema de saltarse las normas desde el poder, señores del gobierno, es que enseñan el camino al resto. El problema es que rompiendo las reglas de juego,  se crea un estado difícil de sostener, el problema es que los demás también sabemos jugar sin reglas.

Tal vez tengamos que recomendar a nuestros asociados y a la sociedad que sigan su ejemplo, que no soliciten licencias, que no paguen impuestos, que no respeten normas y legislaciones, que jueguen a interpretar y repensar las reglas de juego.

¿Hay alternativas a convivir sin reglas de juego? . Las hay,  por ejemplo la anarquía, pero quizás no nos gusten las consecuencias.

Destruir es muy sencillo. Hacer volar el estado de derecho desde el Ejecutivo,  no es complicado, rehacer lo que quede tras ello es casi imposible.

Estamos ya en este punto.