Artículo de Opinión de José Luís Vilanova.

Ha vuelto a suceder. Como cada cierto tiempo. De forma recurrente nuestras carreteras siegan las vidas de nuestros jóvenes. Es una cuestión con la que estoy especialmente sensibilizado porque considero que se trata de un problema de Estado. Esta vez ha sido en Caldas de Reis. Tres jóvenes que no alcanzaban la veintena vieron truncadas sus vidas en una carretera. No se trata de analizar aquí las circunstancias puntuales que han podido provocar esta tragedia. Porque hoy ha sido esta, pero hace un mes fue una familia en Ponteareas y hace varios  otros jóvenes en Redondela. Las circunstancias nunca son las mismas. Pero lo que siempre se repite es la tragedia que acompaña cada uno de estos siniestros.

Lo más triste es que ningún gobierno se ha planteado, ni se plantea, esta problema como una cuestión prioritaria. Y en Galicia, desde luego que lo es. Si no le ponemos solución de inmediato, este país va a tener un futuro incierto.

Y el problema no pasa sancionar más. En eso ya somos los primeros. Como lo somos en índice de siniestralidad. Un tema complejo y dramático como este no puede ser afrontado sin tener en cuenta las singularidades que tiene nuestra comunidad autónoma. Básicamente, la dispersión territorial, que nos obliga a desplazarnos más que nadie para todo. Añadámosle a ello la práctica obligatoriedad de pagar peajes para según qué desplazamientos o la inexistencia de recorridos alternativos con medidas de seguridad tan básicas como una medianera, y empezaremos a entender los porqués de tantas tragedias. Al parecer, lo entendemos todos menos, precisamente, quien lo tiene que entender para ponerle remedio.

En otro orden de cosas, y para que no me acusen de ser siempre un cascarrabias, hoy quiero hacer un reconocimiento público. Su destinataria es la alcaldesa de Meis, Marta Giráldez, que ha tenido la feliz iniciativa de celebrar el Día Mundial del Medio Ambiente con una recogida de basuras por las parroquias del municipio.

Ojalá sirva de ejemplo. Muchas veces he proclamado que sin limpieza no hay belleza. Y no me explico cómo algo tan sencillo resulta a veces tan difícil de entender. Y en esta cuestión no entran en juego las ideologías. Entra en juego el tener sensibilidad o no tenerla. Ahí tenemos ejemplos como el de la Diputación de Pontevedra, que cada vez que desbroza una cuneta deja toda la basura a la vista. Lo normal, lo razonable sería que a la vez que se desbroza se recojan los residuos que asoman y que afean el entorno. Pero no, “nosotros solo hemos venido a desbrozar”.

Y claro, no podía haber una de cal sin otra de arena. Y la de arena vuelve a caer de nuevo del lado del Gobierno de Pedro Sánchez, que ha desestimado el solicitar las ayudas que la Unión Europea ha ofrecido a los Estados para mitigar las pérdidas que está teniendo que asumir el sector turístico.

El departamento dirigido por Reyes Maroto considera que no es necesario solicitar un régimen de ayudas específico para el sector y no se ha puesto en contacto con la Comisión Europa para solicitarlo. Algo que sí han hecho gobiernos como los de Portugal, Italia o Grecia.

Resulta absolutamente indignante. Porque tú puedes cometer errores, quien hace cosas comete errores. Pero lo que no puedes es dejar a un sector sin ayudas y a miles de familias al borde de la ruina por pasividad, desidia o dejadez. Es más, estaría a favor de que ese tipo de comportamientos estuviesen penados. Quizá solo así consigamos que quienes toman las decisiones no lo hagan mirándose exclusivamente al ombligo. Insisto, es del todo punto intolerable.