Ningún día tan oportuno como el del donante para recordar cuánto puede significar ceder los órganos a quien los necesita aún en el amargo momento de perder a alguien querido. Lo sabe bien Alfredo Saborido, de 40 años. Es vicepresidente de Alcer Coruña, la asociación de enfermos renales que ayer volvió al Chuac para conmemorar tan señalada fecha y hacer campaña por la solidaridad con los desconocidos.

Alfredo tenía 24 años cuando de repente todo dio un vuelco«Eu non estaba enfermo, púxenme mal un día, tiven un fallo renal e xa me dixeron que os meus riles non medraran o suficiente, eran moi pequenos, e de seguido xa entrei en diálise», cuenta. Cinco meses después, llegó el regalo que «me ten permitido non só vivir, senón seguir co meu proxecto de vida laboral, de parella, social…», explica.

Lo trasplantaron de riñón y siguió estudiando. Es trabajador social, desde hace seis años está vinculado a Alcer y su historia es toda una campaña de sensibilización. «Doar é o acto más solidario e altruísta que podemos facer», razonaba ayer antes de reflexionar en voz alta sobre lo dados que somos en Galicia a «facer testamento e falar del, pero falamos pouco de testar o noso corpo para os demais, algo que non só pode mellorar a vida de ata sete persoas, senón que fai mellor á sociedade», insistía.

Por eso Alfredo aprovechó el día para hacer hincapié en la relevancia de que cada persona explicite su deseo de ceder sus órganos al morir no solo a través del carné de donante, sino también en la declaración de instrucciones previas que se puede tramitar en las unidades de trabajo social de los hospitales, donde la decisión personal prima sobre el consentimiento familiar.

Voluntades anticipadas

En el también denominado testamento vital se puede dejar por escrito qué cuidados paliativos se desean en el final de la vida o hasta dónde llegar con el esfuerzo terapéutico para continuar respirando, pero también qué hacer con el propio cuerpo cuando todo acabe. «Podemos decidir o destino dos nosos órganos e se queremos regalar vida», animó el representante de Alcer.

Si en anteriores conmemoraciones el Día del Donante llenaba el vestíbulo del Chuac de los voluntarios informando a los pacientes y visitantes, esta vez se celebró en formato más reducido a causa de la pandemia. Aún así, no faltó el apoyo de diferentes profesionales del hospital, que reiteraron los mensajes y razones para no negarse a donar.

En este año especialmente difícil para todos, Alfredo quiso extender el agradecimiento a los donantes también para los equipos sanitarios y sociales por mantener la atención a los pacientes «e o ritmo de transplantes». Precisamente el coordinador de estas intervenciones, Fernando Mosteiro, incidió en el reconocimiento a los que donan en vida y, sobre todo, a las familias de los pacientes fallecidos por «permitir, con su acto generoso, continuar dando vida».

También Ángel Alonso, jefe de Nefrología del Chuac, hab