“En Ascega te entienden y saben de qué hablas. Hablar con alguien tranquilamente, que haya pasado por lo que tú estás pasando y te escuche es de gran ayuda”

Agustín Álvarez es arquitecto y emprendedor y ahora también escritor. Presenta su primera novela, ‘La arquitectura dejó de ser arte’, en el que cuenta su experiencia profesional y laboral tras la crisis de 2008. Se trata de una autoedición, publicada por ISMO, la empresa en la que trabaja y de la que es socio al 50%. Se puede adquirir en A Coruña en las librerías Berbiriana, Sisargas y García&co. En Vigo, se vende en Librouro, Versus y Gandal y también se puede comprar en la web www.laarquitecturadejodeserarte.com

La sede de Ascega acogerá la presentación del libro el próximo 3 de junio a las 20.00 horas. Esta entrevista es un aperitivo de lo que será ese acto.

¿Cómo surge la idea de escribir un libro?

Soy una persona de historias y de anotaciones. Cuando era un niño e iba caminando al colegio ya inventaba historias de aventuras en las que siempre era el héroe, el goleador o el galán. En la adolescencia escribía cartas a mis amigos y lo hacía como si se tratase de un relato, las escribía a mano, las corregía hasta perfeccionarlas y cuando consideraba que estaban bien escritas, las pasaba a limpio y las enviaba. Escribir una carta era una delicia. Cuando fui creciendo y me convertí en adulto me iba fijando muchísimo más, sobre todo en arquitectura, y seguía inventando historias.

Por otro lado, empecé a leer con constancia en el año 91 cuando llegué a A Coruña a estudiar. En este momento, descubrí la literatura y surgió en mí el deseo de conocer otros mundos y de pensar en lo maravilloso que sería poder escribir historias como las que leía y que me removían tanto.

Y lo conseguí, escribí muchas historias en mis primeros trabajos: redactaba unos informes y unas memorias técnicas que parecían novelas, y mis clientes me lo decían. Así fue como empecé a sentir el impulso de escribir un libro.

Mucho más tarde, cuando en el 2011 me quedé sin la empresa y el grueso de la crisis había terminado para mí, conservaba tantas anotaciones de experiencias, de momentos, de sensaciones, y estaba tan enfadado por cómo se había desarrollado todo, por todo lo que podía haber sido y no fue, que canalicé la indignación comenzando esta aventura. Decidí contar mi experiencia, uní la arquitectura y la crisis, y así se empezó a gestar la novela.

¿Cuándo empezaste y cómo ha sido el proceso?

El impulso de escribir comenzó en preescolar y ha sido un proceso autodidacta. Mucha lectura analizando el modelo de otros escritores, mucha observación, muchas notas, mucha práctica y mucha corrección; esta última fase es la que más me gusta. Corregir para pulir.

Tuve que aprender que, para que la escritura saliese, necesitaba emociones que me moviesen y me hiciesen sentir; me di cuenta de que necesitaba una estructura y en algunos capítulos una subestructura; unos personajes que debía visualizar: cómo son físicamente, sus gustos, sus hobbies, su carácter, sus problemas, sus carencias, darles una formación, una profesión etc., también tener claro si debía narrar los hechos desde el punto de vista del protagonista o desde alguno de los personajes de la historia; y por supuesto y fundamental, el hilo conductor.

Por mi trabajo me quedaba poco tiempo libre, los momentos contemplativos tan necesarios para escribir eran muy breves, así que este libro fue redactado a lo largo de cinco años y durante pequeños ratos libres y muchos fines de semana.

Con esta situación, escribí sin serenidad, siempre estaba estresado y necesitaba relajarme hasta conseguir retirar de la mente el día a día… Entonces era cuando podía sentarme y volar; sumaba y restaba, sumaba porque hacía algo que me gustaba, pero también restaba porque mientras lo hacía, reducía aún más el tiempo para estar con mi familia o simplemente para hacer otras cosas.

¿Es el primero?

Que se publica sí, tengo otros escritos que me sirvieron para practicar, descubrir y aprender cómo se escribe un libro.

¿El relato es completamente autobiográfico o tiene solo una parte de tu vida?

No, el relato comprende una parte de 12 años de mi vida. Hay una parte real que comprende todo el proceso de pérdida de la empresa, con todas sus consecuencias laborales y personales y parte de ficción que se corresponde con la búsqueda continua de mi equilibrio, de un saber hacer, estar, etc.

Veo que está relatado en tercera persona y que el nombre del protagonista es Francisco, ¿quisiste tomar distancia con respecto a lo que te había pasado a ti?

No, en parte es autobiográfico, sencillamente es una forma de escribir. Me sentía más cómodo escribir desde fuera.

Cuéntame cómo fue la crisis laboral y entiendo que, consecuentemente, personal que viviste a partir del año 2008.

Fue una crisis en todos los sentidos, personal, profesional y social, es decir también a la hora de confiar en las personas. Fue terrible, lo cuento con detalle en el libro.

La arquitectura fue de los sectores más castigados, ¿el título tiene que ver con que dejó de ser una profesión que te gustaba, que estaba en conexión con una aspiración estética y una pasión?

No, creo firmemente que la arquitectura seguirá siendo un arte, pero lo que me encuentro por el camino muchas veces es desilusionante. Me entristece que, con algo tan importante para los seres humanos, como es la vivienda de cada uno, haya tanto desequilibrio. Me sigue pareciendo una profesión maravillosa, y seguiré disfrutando de ella al 200%.

¿Dónde estabas antes de 2008 y adónde caíste?

Caí en buenas manos, con un socio encantador desde hace dos décadas. Hemos tenido que dejar de trabajar con personal propio, actualmente contratamos a autónomos y a empresas que conocemos y que sabemos que trabajan bien. También cambiaron las dimensiones de la empresa, el tamaño de los proyectos es mucho más reducido.

Lo cierto es que mi empresa anterior fue un sueño cumplido, maravilloso, pero trabajar a esos niveles requiere esfuerzos demasiado grandes.

Hemos continuado con la creatividad y con la arquitectura, iniciamos un proyecto paralelo de creación de juguetes de madera que nos aporta grandes alegrías.

Hablas de la resiliencia en la sinopsis del libro, ¿ha sido la clave para superar el bache que supuso la anterior crisis económica?

Es una de las claves, un principio básico de la evolución. Lo que ocurre es que esa adaptación no debe ser forzosa, tiene que ser elegida, pero no de cualquier manera ni a cualquier precio. La resiliencia es inteligencia emocional y es indispensable para salir de cualquier atolladero.

El mundo siempre va mejor de lo que pensamos en esos momentos de crisis; tenemos que educarnos, volver e incorporarnos en la sociedad, cargarnos nuestros miedos para poder comunicarnos, disfrutar y tener el talento de empatizar.

¿Cómo es tu vida laboral y personal ahora?

Mi vida laboral es mucho más tranquila, con las dificultades propias del sector, pero al menos tengo tiempo para respirar. Me dedico menos al patrimonio que era lo que más me gustaba; rehabilitar la Torre de Hércules, un puente romano, un pazo o una iglesia nos reportaba muchas satisfacciones, hemos decidido mermarlas. Ahora, nuestras obras son menos interesantes, pero no tienen tanto riesgo económico y, a la vez, las satisfacciones también son menores. Tengo una sensación que no me gusta: no quiero volver a crecer ni quiero volver a tener personal propio en la empresa.

Personalmente también estoy más tranquilo, intentando tener tiempo libre para mis inquietudes, entre otras cosas, escribir. En otro momento no lo hubiese podido hacer.

¿Qué queda de aquella crisis?

En mi caso todavía está por finalizar. El libro empieza con el comienzo de la crisis y termina en la misma situación en la que me encuentro en estos momentos. Ahora mismo estoy acogido a la ley de segunda oportunidad, otra carrera de fondo.

Me queda todo y no me queda nada. La amargura ya no la tengo. Me queda la amargura de saber que ha sido un proceso sin sentido y que pudo haber sido mucho mejor, me queda el pesar o la duda de pensar que pudo haber sido de otra manera.

Queda el preguntarme si tanto sufrimiento merece la pena e intento encauzarlo lo mejor que puedo.

En aquel momento nuestro afán era no cerrar, ahora con el tiempo me doy cuenta que si conseguíamos el convenio con los acreedores iba a seguir sufriendo, que el sistema no está preparado para reflexionar. La factura iba a ser demasiado cara.

Quiero pensar que estas historias que nos hacen sufrir tanto sirven para algo.

La sinopsis del libro habla de la reivindicación de la vida rural, ¿fue uno de los aprendizajes de la crisis?

El rural siempre ha sido una constante, no fue un aprendizaje de la crisis. Me crie en él. Más tarde, viví en la Ciudad Vieja de A Coruña, que era lo más parecido a vivir en el rural dentro de una ciudad.

El rural es cambiante, se vive más intensamente, es más de verdad, el tiempo se ralentiza, podemos fijarnos más en lo que nos rodea, me inspira observación y serenidad. Allí aparece la tranquilidad que tanto ansío, en la ciudad todo es inmediato, programado, tienes que estar pendiente de que no te atropellen, de las colas, en fin….

¿En qué se ha traducido en tu vida?

La necesidad de rural se acrecentó por la propia necesidad personal.

Hoy por hoy en un proyecto de vida y algo a conseguir. Aunque lo que me parece perfecto, es el semirrural, en donde se puede disfrutar de lo mejor de cada uno.

¿Qué aconsejarías a los que ahora, con la crisis económica derivada de la sanitaria, están viviendo algo similar a lo que viviste tú hace más de diez años?

En una crisis todo es importante, siempre hay salidas, aunque no nos gusten.

Mi receta fue la siguiente:

No hundirse, no precipitarse, darse tiempo a uno mismo, asimilar y volver a pensar para saber qué hacer. Tú tienes que entender el proceso para decidir y prepararte interiormente para lo que te viene encima.

Comparte, habla, escucha, comprende y decide. Estudia, pregúntalo todo y duda. Piensa en lo que quieres de verdad, pero no arriesgues más de lo que tienes.

La burocracia no va a empatizar contigo, tenlo claro y protégete en este aspecto. Las medidas que te propone el gobierno son buenas, pero están mal articuladas. Ahora mismo, con esta crisis incipiente tenemos la suerte de que tanto la administración como los profesionales que tenemos que contratar para que nos asesoren y no guíen tienen cierta experiencia, pero, aun así, las trabas burocráticas son un muro a sortear. Por esto, es importante contratar buenos profesionales en quienes confiar, que se involucren contigo, que conozcan los procesos, que nos expliquen qué sucede y por qué sucede.

Es fundamental no pedir préstamos para aguantar, cada vez es peor, vas a entrar en un bucle del que es difícil de salir. Lo que nos prestan dinero lo van a querer cobrar con creces y no van a dejar de presionarte.

Por último, no pienses que eres un superhombre, que si trabajas muchísimo vas a ser capaz de conseguirlo. No es así, no funciona así.

¿Qué te hubiera ayudado en el momento en el que tú estabas en quiebra?

Un mecanismo burocrático más personalizado y ágil, aunque somos muchos y sea difícil, se puede conseguir. En ese momento no entendía cómo alguien que había trabajado tanto y, sinceramente, lo había hecho tan bien pudiese estar en esa situación. ¡Tenía que haber un sistema para nosotros! Necesitaba que el engranaje funcionase, desde los administradores concursales, la Agencia Tributaria, la Seguridad Social, el Fogasa, nuestros abogados y, sobre todo, los jueces, que se diesen cuenta de lo que estaban haciendo.

Daba igual que fueses una empresa modelo que una empresa que estaba aprovechando la situación para cerrar, es necesario saber diferenciar al que quiere hacerlo bien del que le da igual salir adelante, diferenciar el emprendimiento de verdad. Nosotros éramos una empresa distinta y, sobre todo no puede ser que pierdan los buenos y ganen los malos.

Que la gente escuchase más y comprendiese más. Sentí que no había un lugar para mi con todo lo que había hecho y nadie parecía darse cuenta.

¿Una asociación como Ascega puede ayudar a nivel administrativo/económico y también emocional a emprendedores que lo están pasando mal por la crisis?

Por supuesto que sí. Muchas de las personas que integran la asociación han sufrido la crisis del 2008. Si acudes a ellos te entienden y saben de qué hablas. Tienen experiencia. Hablar con alguien tranquilamente, que haya pasado por lo que tú estás pasando y te escuche es de gran ayuda.

Técnicamente, en ASCEGA hay un grupo de trabajo activo en concursos de acreedores y segunda oportunidad que a su vez colabora con otros grupos de trabajo de otras poblaciones y que colectivamente intentan mejorar los procesos y las leyes, hablando y llegando hasta donde sea necesario.

A nivel funcional ASCEGA puede asesorarte sobre el proceso, explicarte las fases por las que vas a pasar, los plazos, las tendencias, así como los profesionales a los que puedes contratar y, sobre todo, a cuáles no. Merece la pena conocerlos.