Estafar está considerado como un delito contra la propiedad o el patrimonio y en determinadas ocasiones se asimila al fraude, el timo y el engaño. La estafa está contemplada como delito a través del Art.248 del Código Penal.

La estafa a la que yo me refiero se mueve dentro del ámbito de los partidos políticos como una forma de corrupción más que no solo habría que contemplar como enriquecimiento personal o incluso colectivo de grupos dominantes. En ocasiones, las estrategias políticas de los partidos y de sus dirigentes son tan torpes, tan incomprensibles, y conducen de una manera tan evidente a un callejón sin salida, que la única explicación lógica es pensar que quien las ejecuta busca deliberadamente el caos para, a partir del absoluto desorden, presentarse como el mal menor necesario.

Las promesas electorales y los contenidos de programas solo tienen validez hasta una hora más tarde del recuento de votos en cada elección que se realice. El canje de un voto por una promesa debería tener un valor determinado y un compromiso más allá de que todo se perciba de forma diferente después de pisar “moqueta” y convertirse en “casta”. Promesas de enganche que realmente son engaños y que cada vez más ponen en peligro la credibilidad de los partidos políticos y de la propia Democracia que debe ser preservada frente a tanta subasta que más parece un mercado chino en el que se ofrece “todo a cien.”

La decepción ciudadana aumenta cada día, las encuestas son determinantes y en este sentido, primero ha sido el 15-M cuyo mensaje de cambio, de nunca más puertas giratorias, de eliminación de la pobreza, de una democracia auténtica y del mantenimiento del Estado de Bienestar nunca se han cumplido. Los jóvenes y también muchos ciudadanos creyeron en ese discurso como si la aparición espontánea de nuevas ideas, podrían de una vez por todas eliminar la corrupción y conseguir que España consiguiese salir del oscurantismo y de enormes niveles de paro continuo. Todo terminó en una mudanza de domicilio: desde Vallecas a Galapagar y por el camino ilusiones rotas.

Mociones de censura al Gobierno y pactos antinaturales que empezaron a alertar a los ciudadanos al comprobar que los que menos votos tenían dominaban el “cotarro” con un presidente que miraba hacia los independentistas y pro etarras como defensores de su permanencia en el sillón. Pero todo tiene un precio y ese es precisamente el que pagaremos los españoles con una deuda publica del 125 % que supone que, cada ciudadano debe 28.500 euros y que como los analistas de la revista francesa Euler Hermes explican, no podrá reducirse hasta el año 2110, es decir dentro de 89 años. Alemania necesitará 7, Italia 26 y Francia 67. España será el peor país de las grandes potencias que conforman el bloque analizado. Pero frente a todo esto una propuesta más: la España del 2050…

“Los indultos de los políticos independentistas presos tras la sentencia del procés, recalca que ese debate «no está sobre la mesa» ya que no lo han planteado ni desde el Gobierno, ni tampoco los independentistas. EL PSOE asegura que no pactará en Navarra con los «que no respeten la Constitución» (31.10.19) en Onda Cero. Pedro Sánchez: presidente del Gobierno en funciones.”. Hoy ya nos avisa el ministro de Justicia que los indultos deben ser considerados como algo normal, cuando hace solo unos meses decía que “no se viesen fantasmas en donde no existen”. En la toma de posesión del nuevo Gobierno catalán su declaración no deja lugar a dudas “lo volveremos a intentar”.

Por eso queridos amigos o detractores, que tanto tiene como tanto me da en este caso, las promesas dadas son compromisos ineludibles, ya que de no cumplirlas sois eso. Unos estafadores políticos.

Unos y otros…