Cuando la propusieron por primera vez para optar a la presidencia de la comunidad fue una apuesta floja, un candidato barato para una batalla perdida, como Gabilondo ahora, un billete de cinco para cubrir una mala apuesta, pero ganó. Nos enseñaron a despreciarla desde tribunas y ministerios, desde portavocías de partidos, desde todo tipo de prensa. Acoso continuo, críticas a cualquier acción o frase y ni un solo desmentido tras darle la razón la realidad, es el estilo que prima desde el gobierno central y sus medios entregados, casi todos. Pero ahí está la hemeroteca, para ir viendo una tras otra las palabras gruesas contra ella y compararlas con la realidad, con lo que ha ocurrido después. La fuerza del ataque contra ella, muestra una idea del valor que se da al gobierno de la comunidad de Madrid.

Analicemos su trabajo desde la llegada del virus a Madrid. Al comienzo vimos a una Ayuso más dialogante, le pasaba como nos pasaba a todos, pensábamos que tras tanta inoperancia había al menos buena fe. El 25 de febrero del pasado año se confirmó el primer caso oficial en Madrid, el experto Simón comenzó su escalada de fallos dolosos quitando hierro y soltando su primer “no habrá más de uno o dos casos…”, pero el 28 ya empezaban a dispararse los infectados. Ayuso solicitó medidas urgentes contra la propagación del virus que incluyeran refuerzos en sanidad o cierre de centros docentes, pero había que aparentar tranquilidad hasta el día 8. No era loca ni una visionaria, la película del covid ya la estaban echando en Italia y podía seguirla cualquiera. Comenzaron las difamaciones hacia ella y desde el principio se le atacó hasta poniendo en duda su salud mental, ya sabemos que la sororidad no vale para las mujeres de derechas, chusma. El día seis de marzo se cerraron las residencias de ancianos, la cosa daba miedo y el día 9, sólo uno después de la gran parada, Ayuso cerró colegios y universidades adelantándonos la ola de medidas que vendría a continuación en todo el territorio nacional, alguien tenía que tomar la decisión drástica, dar el pistoletazo de salida, y no fueron ni Sánchez ni Illa. La decisión fue muy acertada y activo en cascada el comienzo de medidas, lástima no hubiese confinado Illa la Capital para evitar la propagación del virus en todas las direcciones, lejos de hacerlo prefirieron avisar de que en dos o tres días la cerrarían. Claro, a los dos o tres días no quedaba en Madrid nadie con posibilidades de marchar.

Ayuso fue pionera con las mascarillas entre ciudadanos, de las que según Illa habían hecho acopio, pero la autoridad sanitaria y el gobierno dijeron que eso era una estupidez innecesaria. Ella distribuyó las FFP2 entre los madrileños y desde el gobierno las bautizaron como las mascarillas insolidarias, que cosa. Apostó por los cierres perimetrales frente a la paralización total y el ministerio del interior no le facilito las fuerzas de seguridad necesarias para realizarlo. Sí las utilizó, con diferencia de días, cuando el gobierno central quiso obligar a cerrar toda actividad en la comunidad, llenándola de controles y fuerzas del orden, hasta que la justicia le mandó cesar en esa ilegalidad dando la razón a Ayuso. Pidió desde el inicio el cierre de Barajas a países con índices altos y los pocos que se hicieron llegaron tarde. Pidió test masivos a la población y la ridiculizaron, para fomentarlos ellos, unos meses después, a nivel nacional. Fue la primera en hablar del pasaporte de vacunación, se le ninguneó y hoy lo implantan todos los países.

Desconozco la capacidad intelectual de la presidenta madrileña, pero sin duda es suficiente como para rodearse de expertos y hacerles caso. No es lo que ocurre en el gobierno central, mal que nos pese, ahí los expertos son Illa y sus amigos imaginarios. Han ridiculizado todas y cada una de sus decisiones, utilizan toda la artillería contra ella, Madrid es plaza fuerte y quieren echar el resto. Hasta planificaron una toma de poder fuera de las urnas, legal, cierto, pero también les ganó la mano. A la lucha continua por ocultar los logros madrileños, podemos añadir la torticera eliminación de la visita al Zendal de la agenda del Vicepresidente de la Comisión Europea. Piden colaboración, consenso y juego limpio, mientras dan patadas por lo bajo.

Me gusta Ayuso, está donde está por méritos propios, por haber sabido jugar sus cartas y por haber ganado todas y cada una de las batallas que le han planteado otros con más poder. Creo en Ayuso y aunque no tiene la próxima batalla ganada, juega bien cada una de las manos y, al menos yo, no la he visto equivocarse. Cada noticia contra ella la pongo a contra luz, reviso cada arista, cada doblez y siempre encuentro mentiras, hagan la prueba, no falla. Creo en ella porque la economía y la sanidad, tan puñeteras y tozudas, le van dando la razón pese a los argumentos del resto y junto al alcalde de la capital los veo brillar en medio de tanta ensoñación de izquierda. Ella y sus predecesores han convertido Madrid en una isla del libertarismo y nos hará falta libertarismo a raudales para sacar este país del foso.