“Los padres le dan importancia, cada vez más, al proyecto educativo, a la comida y a los idiomas”

A la directora de las escuelas infantiles Os Pequerrechos le gusta su trabajo y se le nota al hablar. Presume de personal y de proyecto educativo en sus 18 centros en Galicia y Madrid y se emociona cuando habla de los seis meses que sus puertas estuvieron cerradas en 2020. También habla con emoción, pero de la buena, de las numerosas veces que pequerrechos y no tan pequerrechos la paran por la calle para saludarla. Han pasado por las aulas que dirige Paula Gundín 35.000 niños a lo largo de 23 años de aventura empresarial. Una aventura que lleva en las venas, dice, por herencia familiar. Como mujer, asegura, nunca ha sentido discriminación, pero sí que ha marcado hitos femeninos, como ser la primera gallega emprendedora en hablar ante el Parlamento Europeo. También participa en el Parlamento gallego en la comisión de reactivación económica y lidera la asociación de enseñanza privada (Acade) y la de mujeres emprendedoras (Apade).

¿Cómo decidiste ser empresaria?

Cuando acabé la carrera en Londres vi que en A Coruña había una necesidad de centros de educación infantil, porque las mujeres y los hombres necesitaban escuelas donde dejar a sus niños para poder conciliar la vida laboral y personal. Me di cuenta de que había falta de instalaciones amplias y que trabajaran sobre un proyecto educativo.

¿Por qué elegiste el sector de la educación infantil?

Yo sabía que las empresas que tenían futuro eran las de servicios: escuelas infantiles o centros de mayores. Hace 25 años es lo que la sociedad reclamaba y, ahora, ocurre lo mismo. Me decidí por las escuelas por mi carácter. Soy muy alegre y me encanta trabajar con niños y en proyectos innovadores. La educación en valores me chifla y creo que los profesores y educadoras tienen un papel muy relevante. Tenemos en nuestras manos el futuro de sociedad; educar a los niños es lo más importante.

¿Tenías claro que querías emprender en tu vida laboral?

Lo tenía claro desde un principio. Quería montar mi propia empresa. Hice un máster y me puse a montarla. Y lo hice en Matogrande, que era una zona nueva de la ciudad, con muchas parejas jóvenes y donde se veían muchos carritos.

¿Viene de familia?

Mi abuelo fue un gran empresario en A Coruña, Emilio Gundín, así que desde pequeña vi a mi abuelo, a mi abuela y a mi madre, que era mujer empresaria, trabajar muy duro. Me acuerdo de salir del colegio, ir al despacho de mi madre y hacer deberes o estudiar allí o, cuando comíamos todos juntos, mi abuelo siempre estaba hablando de la empresa. Cuando una persona nace en ese entorno, aunque lo que monté yo no tiene nada que ver, la iniciativa y las ganas de trabajar viene en las venas.

¿Cómo fueron los inicios de la empresa?

Ahora tenemos 18 escuelas infantiles en Galicia y Madrid, pero con 25 años monté la primera. Me acuerdo del primer día que fui a visitar el local de Matogrande con el constructor. Yo era una niña y él se reía porque me vía con muchas ganas y mucha fuerza. Me decía que me iba a comer el mundo. Me lo encontré 15 años después y me dijo: “Te vi con tantas ganas y alegría que sabía que iba a salir bien”.

¿Cuántos trabajadores forman parte de Os Pequerrechos?

Siempre presumo del personal que tengo, es un equipazo de 213 profesores. Hemos recibido varios premios y siempre digo que el éxito es del personal. Son súper cariñosas, muy cualificadas y con trato humano. Y lo digo en femenino porque de los currículums que nos llegan, el 95%, son de mujeres.

Además del personal, ¿por qué triunfan las escuelas infantiles Os Pequerrechos?

Mi lema es cuidar a los niños con todo el cariño del mundo porque es lo más preciado para una familia y para la sociedad. Si lo tratas con cariño, lo motivas y le das enseñanza en valores, vas a encender su llama interior para que llegue a ser una buena persona. Su lado más importante es socializarse, investigar y crecer feliz.

¿Cómo se ha vivido la pandemia desde las escuelas infantiles?

Aparte de profesoras y educadoras, también son un poco de enfermeras, siempre pendientes de la fiebre, de las medidas de seguridad y trabajan con mascarillas, guantes, pantallas… El nivel de trabajo y de tensión que viven es para aplaudirles. La sociedad nos necesita. Sin las escuelas infantiles las familias no funcionan, no pueden ir a trabajar.

¿Cómo ha sido 2020?

Nos cerraron desde abril hasta septiembre, seis meses. Con 18 locales que mantener, con gastos fijos, ni te digo las pérdidas que hemos tenido. Pero estamos aquí, no nos vamos a hundir. Teníamos que abrir porque la gente nos necesitaba y lo hicimos con la mejor sonrisa y salimos adelante. Ha sido un año muy difícil, pero pienso en compañeros que han tenido que cerrar definitivamente. He intentado estar siempre sonriendo y animando al equipo y al personal y diciéndoles que la empresa no se va a venir abajo. Y lo estamos consiguiendo. Las familias se han portado de maravilla.

Además del proyecto educativo y las instalaciones, ¿es la alimentación una cuestión clave para las familias?

Sí, la gente le da mucha importancia a que no sea catering. Tenemos una amplia cocina en cada centro y cocinera y nutricionista para hacer menús equilibrados, con mucha fruta y verdura. Los padres están encantados. Le dan importancia, cada vez más, al proyecto educativo, a la comida y a los idiomas. Nosotros, por petición de las familias, montamos el colegio British Royal School en A Zapateira hace cinco años. Es algo diferenciado, para que todos los niños de A Coruña puedan optar a una enseñanza como la británica. Estamos acreditados por el British Council, por las autoridades británicas y por la Xunta para educación española. Tenemos la homologación española y británica.

¿Has sentido discriminación por el hecho de ser mujer en algún momento de tu carrera profesional?

No lo he vivido, sinceramente. He sido una mujer que he tirado para delante. Me fijo en lo mejor de las personas y nunca he tenido ningún problema.