Ni medio mal estaría, pero no es el caso, estamos demasiado al sur y aquí le damos más importancia a otras cosas.

El quince de Marzo, dentro de nada, hará un año que comenzamos a tomarnos en serio la cosa esta y por esa fecha iniciamos el Estado de Alarma, la sangría de muertos por Covid y la quiebra de nuestra economía. Lo cierto es que se me amontonan cifras y ya no sé por dónde centrarme.

Tampoco quiero criticar por criticar, lo de los ertes fue crucial para evitar la quiebra de la mayoría de las empresas y la precariedad económica de los trabajadores, al menos eso se inició bien y a tiempo. La financiación con créditos ICO, IGAPE y demás, fue absolutamente necesaria cuando comenzó a alargarse el colapso y no había capacidad financiera para resistir. Igual de necesarias fueron las sucesivas prórrogas de los ertes. Pero la realidad es que nuestro tejido empresarial era débil, pues aún no se había recuperado de la última crisis como para afrontar las vacas flacas y menos lo que tan inesperadamente llegó. Las cifras de endeudamiento como país ya superan cualquier marca anterior y ante ese panorama, con la ilusión de unas ayudas europeas que no llegan, la empresa que aún no cerró mira con miedo hacia el precipicio que se divisa, unos a menos de un metro y otros algo más alejado.

En los medios de comunicación vemos que otros países están haciendo lo necesario para que las empresas sanas no se queden en el camino, pues, salvo cuatro iluminados entre los que se encuentra algún ministro, todos fían la posible recuperación a la competitividad de los que quedemos en pie.

En clave nacional hay las ayudas ya citadas, totalmente insuficientes, toda vez que hasta las empresas sanas han visto caer su facturación como nunca y han tenido que agotar las reservas, las menos, y endeudarse por encima de sus posibilidades el resto, para evitar la quiebra. ¿Las demás? Las demás ya han cerrado como han podido, muchas sin presentar concurso pues no había recursos para ello, cerraron en precario con todo lo que eso conlleva para empresario y trabajadores.

Ayer la Xunta de Galicia presentó su nuevo plan de ayudas para autónomos y pymes, recordemos que estas son la base de la economía y que generan dos de cada tres puestos de trabajo, por lo que a priori me parece acertado. En paralelo presentan otro programa de ayudas a la hostelería, condenada a cerrar por decreto, como el resto pero ellos aún lo tienen peor. Pues bien, las ayudas no llegan para nada y están mal enfocadas, les recuerdo la advertencia de Draghi sobre “zombificar” las empresas al apoyar masivamente la liquidez sin futuro.

En el caso de la Xunta no se ayuda a las empresas más sanas, sólo a las que difícilmente superarán la crisis y de manera claramente insuficiente. Pondré un resumen y ya sé que son muy peligrosos, pero un pequeño artículo no da para más y el que quiera tiene el DOGA del Jueves para profundizar.

Este “II Plan de Rescate” está dotado con 60 millones más la partida de hostelería. Para poder acceder a las ayudas, necesita la empresa candidata haber reducido su facturación del 2020 con relación a 2019 en un 45 % o más, sin límite, es más, para optar a alguna de las ayudas es necesario haber perdido un mínimo del 60% de la facturación. No se piden datos de solvencia ni de viabilidad (pueden imaginar dicha viabilidad tras la reducción de un 75% en la facturación…) ni, por ejemplo, haber cerrado 2019 en beneficio o con balance compensado.

Ejemplo 1: Las ayudas para una empresa con 15 trabajadores y una pérdida de facturación del 69%, sería de ¡¡¡7.000 Euros!!!, siempre que no tenga deudas con la administración de más de 5.600 Euros, en cuyo caso no podría optar.

¿Me quieren decir que va a hacer una empresa que ha perdido casi toda su facturación en 2020, con 15 personas en plantilla (calculen un mínimo de 30.000 euros de gasto en laboral mensual) con 7000 euros de ayudas?

Ejemplo 2: Las ayudas para una empresa con 8 trabajadores y que ha perdido el 59% de su facturación (es decir, está en quiebra o casi y gasta en laboral unos 16.000 euros mensuales), sería de 5.000 euros…

Ya, también tendría que ayudar el gobierno central, las diputaciones y ayuntamientos, salvo que quieran encontrar un terreno yermo en empresas y con un paro que afecte a 1 de cada tres personas en edad de trabajar. Pero el Gobierno Central no puede dar ayudas porque está quebrado y Europa no le presta porque no hacen lo que tiene que hacer y se les exige desde Bruselas.

Por cierto, nuestra empresa es de las consideradas sanas. Pese a esta crisis terrible “sólo” perdimos el 35% de la facturación y sólo quien ha gestionado una empresa puede imaginarse la fina línea que separa la zona de beneficio con la de pérdidas. Pues bien, mi empresa no tiene derecho a solicitar esta ayuda, toca buscarse la vida o seguir debilitándonos hasta que seamos una más de las que no tendrán salvación y entonces nos darán los 5000 euros para pagar parte de la deuda con la administración.

¡Qué país!, y alguno se preguntará por que nos va peor que a los rubios del norte.