Llega un paciente con un tumor raro y enorme, el cirujano abre, observa, comenta con uno del servicio de limpieza del quirófano las posibles opciones, se guía por el consejo de este, no extirpa la causa del mal y cierra de nuevo. Pueden poner el ejemplo con una gangrena y así imaginarán mejor el olor, algo no va bien. De esta manera hemos tratado nuestras crisis económicas y así han actuado nuestros gobernantes, mirando para otro lado, haciendo como que no ven el problema y echando fuegos artificiales e incienso para distraer la atención de la enfermedad. ¿El problema? Pues que la gangrena o el tumor, contentos de que no los extirpen, seguirán creciendo hasta que no tenga remedio.

Las tres últimas crisis de la democracia las “curamos” así, las escondimos, pidiendo dinero prestado para seguir la fiesta e intentando que la música no dejase escuchar los quejidos de nuestra economía, usándola para poder tapar tanta cosa mala. Esta semana nos adelantaba la República Checa en el PIB, por la izquierda y a toda velocidad mientras nos echábamos al arcén. Cuando la visité por primera vez estábamos en plena crisis del 92 tras una reactivación fuerte, Checoslovaquia era un país del tercer mundo en Centroeuropa, arrasado por décadas de socialismo, con los restos de un esplendoroso pasado reflejados en sus viejas construcciones. Posteriormente se separó de Eslovaquia y a partir de entonces hicieron los deberes mientras nosotros nos dedicábamos a realizar políticas pensando sólo en el voto y la rentabilidad a corto.

Esta vez también está mamá Europa para socorrernos, pero seguro que ya no creerá nuestras ensoñaciones ni nuestros fantasiosos presupuestos generales del estado. Tras las magníficas gestiones del amado líder, con su triunfal y aplaudido regreso, toca hacer lo que le exigieron y no nos contó o pasará lo que ya está pasando, España no verá un euro. Y lo que toca hacer resta votos a corto plazo, lo que toca ya lo están empezando a hacer en Italia, ya lo hizo Portugal y también Grecia, no hay nada nuevo, todos sabemos lo que se necesita, políticas de estado, pero preferimos no verlo. Nuestro gobierno es como un mal padre que consiente todo, visión a corto y desastre a medio plazo.

Está España podrida y la única solución es tirar todo lo que huele mal e intentar salvar el resto, pero aún así no quedaremos para ganar olimpiadas en mucho tiempo. La república Checa tardó casi treinta años en limpiar los restos del anterior régimen y, aprovechando cada corona, construir “eso” que acaba de pasarnos como una exhalación. “¿Los checos?”, imagino la cara de Nadia Calviño cuando le dieron el dato. Cuanto tiempo y dinero perdido…

España tiene mucho mal y la culpa es de cada uno de nosotros, de los gobernantes que elegimos (no, no nos han tocado), del exceso estructural del estado, de los funcionarios incompetentes o corruptos (no de los otros, no), de los sistemas autonómicos que luchan contra el estado, de las muchas políticas del absurdo, de los funcionarios de justicia inmorales, del desajuste entre ingresos y gastos, de la endogamia en algunas instituciones, de miles de asesores con sueldos millonarios y sin preparación, de la corrupción allí donde esté, del ascenso de la incompetencia y de creernos que el triunfo viene sin trabajarlo.

Vienen malos tiempos, no lo duden, y esta vez no nos va a colar mirar para otro lado, huele a podrido en el sur de Europa.