Estaba yo escribiendo este intento de columna sobre las economías de Occidente y su relación con las corrientes religiosas cristianas, cuando, en un descanso, leí un texto de la amiga Ramone, desde USA, sobre lo mal vistos que están en España el capitalismo y el éxito personal, así como otra frase enviada por mi amigo Rafa sobre por qué no conocemos el primer caso de alguien que cruzara el desaparecido Muro de Berlín en sentido contrario, es decir, del capitalismo al socialismo.

Últimamente “bato” mucho contra el gobierno que nos ha tocado de socialistas y populistas, pero es que, admitiendo la legalidad del mismo, creo necesaria una movilización social, por incompetencia manifiesta, toda vez que no hay oposición efectiva y el gobierno nos guía directos al abismo. Créanme, mi crítica sería la misma si cambiásemos las siglas pero mantuviésemos las acciones o inacciones de gobierno. En serio, no podemos resistir ni unos meses más este despropósito y si hay descontento tenemos que mostrarlo, desde la legalidad pero con contundencia, hay medios para ello.

A lo que iba, hay una relación evidente entre la economía y la cultura religiosa de los distintos países. Algo más que la posición geográfica marca la diferencia Norte-Sur  y no es tanto la religión como los principios de la misma y su relación con la economía. En España, por ejemplo, somos laxos ante la mentira de quienes nos gobiernan o ante el enriquecimiento ilícito de cargos y líderes políticos, mientras perseguimos con saña a los triunfadores y a quienes crean la riqueza que será la base del bienestar colectivo.

Los países protestantes no, hasta inventaron un socialismo distinto, con base capitalista y nada marxista, mientras aquí pretendemos el “paraíso” socialista puro que ya fracasó y fracasa en países como la URSS, Cuba, RDA y los más recientes casos de  Nicaragua, Perú, Argentina o Venezuela, por poner sólo algún ejemplo. China no vale, pues empezó a funcionar cuando crearon el híbrido que ahora tienen y que en nada se parece al desastre del Maoísmo.

En tiempo de ayudas, cuando el norte tiene que acudir una vez más a nuestro rescate, las inversiones tienen que ser para crear riqueza y no para engordar los gastos estructurales del estado. Los millones de Europa no pueden ser para pagar más sueldos de funcionarios, chiringuitos políticos y más ayuda social, tienen que ser para favorecer la creación de empresas y crear empleo, sacando a los ciudadanos de las colas de las prestaciones, para construir y no para sostener.

¿Justicia social, sanidad universal, educación pública y gratuita? Por supuesto, pero que no sólo nos guíen los buenos deseos, afrontemos los retos con seriedad, creemos primero la economía que lo sostenga, creemos la partida antes de lanzar el proyecto, echemos a los políticos mediocres y empecemos ya a construir el país que necesitamos, gobernados por los mejores y no por los “listillos” de cada casa. Veremos si lo merecemos o no, en nuestras manos está.

¿Conocen a algún político o pariente de político que se vacunase antes que los sanitarios o población de riesgo? También tocaría hablar de eso hoy pero mi espacio terminó, mientras algunos de los que elegimos están también «prevaricando» con las vacunas, con la salud.