Semana sí, semana también, la evolución de la pandemia está llevando a nuestros gobernantes a tomar medidas restrictivas que afectan de manera significativa a nuestra economía y, en particular, a los sectores turístico y hostelero. Este último, seguramente el más demonizado de esta crisis, a pesar de que el mismísimo presidente de la Xunta reconociese hace unos días que no es la principal fuente de contagios. Así lo dijo, instantes antes de anunciar, sin cambiar el gesto, nuevas medidas que reducían sensiblemente los horarios y los aforos de los establecimientos hosteleros. Ya saben, la coherencia siempre por encima de cualquier otro criterio. Icono de ojo guiñado.

Como no podía ser de otra manera, estas continuas restricciones conllevan ingentes pérdidas en estos negocios. Como no debería ser de otra manera, ello debería llevar a las Administraciones a habilitar de forma inmediata ayudas a sus propietarios y trabajadores que, cuando menos, posibiliten la permanencia de los mismos.

En este sentido he de ensalzar la proactiva labor que viene realizando el presidente del Clúster de Turismo de Galicia, Cesáreo Pardal. Su última iniciativa pasa por defender la puesta en marcha del llamado «modelo Valencia» que busca sinergias entre administraciones a la hora de implementar estas líneas de ayudas.

El “modelo” en cuestión se refiere al “Fondo de cooperación covid especial” anunciado por la Comunidad Valenciana para ayudar a las empresas y autónomos más afectados por la pandemia. El Gobierno autónomo aportará el 50% de ese fondo, las Diputaciones el 30 %, en tanto que el 20% restante correrá a cargo de los ayuntamientos.

Pues bien, ese es el modelo que a Galicia ahora se quiere trasladar con el beneplácito, que celebro y aplaudo, del conselleiro de Turismo, Alfonso Rueda. Y digo que celebro y aplaudo porque me parece una vía adecuada. Igual que pagamos tributos locales, provinciales, autonómicos y estatales, es de recibo que a la hora de habilitar ayudas las instituciones colaboren entre sí, al margen de ideologías y partidos.

Suscribo las palabras del vicepresidente Rueda cuando asegura que «no sería entendible que en este momento no hagamos un esfuerzo conjunto» porque «la pandemia no entiende de colores políticos y para hacerle frente se necesita la ayuda de todo el mundo”. Desde luego que no sería entendible. Aunque lamento decirle que, por desgracia, ya nos estamos acostumbrando a entender demasiadas cosas que tampoco lo son

Y coincido también, por supuesto, con Cesáreo Pardal en que «es hora de que, de una vez por todas, (las instituciones) se unan para ayudar al sector porque pues, de lo contrario, estará muerto cuando la pandemia concluya”. La prioridad sanitaria en estos momentos en salvar vidas. Pero la prioridad económica es salvar empresas y negocios. De lo contrario nuestrto futuro a corto plazo será demoledor.

Ante esta inaudita comunión de voluntades solo resta, y me parece lo más difícil, que todo esto no se quede en bonitas palabras y que las medidas lleguen a tiempo. Cada día que pasa, al igual que en el ámbito sanitario, es una suma de tragedias. Y ya va siendo hora de que, a unas y a otras, les podamos poner fin.