Lola Valdivieso contesta a estas preguntas mientras trabaja en nuevas ideas y experiencias para cuando levante de nuevo la persiana de Cassata. Tiene claro que la cobardía para ella no existe.

¿Cómo decidiste ser empresaria?

Hasta hace poco me auto-definía, no como una ejecutiva en una multinacional, sino como una empresaria frustrada.

Desde muy pequeña quise ser empresaria, siempre interesada en seguir el flujo de dinero, de dónde venía el dinero y adónde iba, cómo se fijaban los precios, quién hacia el reparto para pagar todo y cómo se aseguraban que no faltara nunca para pagar lo necesario. Me apasionaba y no tenía a nadie que me lo explicara porque no había ningún emprendedor en mi familia, y, como era la quinta de seis hermanos, tampoco me hacían mucho caso.

Pues bien, las decisiones que fui tomando en la vida fueron encaminadas a satisfacer esa curiosidad innata.

En verano de 2019, residiendo en México, supe identificar que mi etapa ya había finalizado allí y tenía dos opciones. Una era pedir otro traslado internacional y la otra lanzarme al mundo del emprendimiento. Todo ello coincidía con mi 50 cumpleaños, mi hijo residía en Galicia, la última pieza a cuadrar era negociar con la empresa una buena salida. Los astros se alineaban… No tenía miedo de salir de la empresa que me cobijó durante 23 años, deseaba lanzarme a la aventura de emprender cuanto antes.

¿Por qué elegiste el sector en el que trabajas?

Mi primera tarea al llegar era reconocer el terreno. Al haber estado más de 30 años fuera de mi ciudad, necesitaba entender que necesites desatendidas veía en el mercado. En esa investigación me frustré con la forma de pensar y trabajar de muchas asociaciones y ayuntamientos, pero también me emocioné al descubrir ASCEGA.

Durante el primer confinamiento me puse a reinventarme, por mi personalidad, quería dedicarme a algo social y como siempre busco la excelencia, quería vender algo que fuera realmente bueno. Después de tocar varios sectores, descubrimos a unos heladeros artesanos que querían iniciar su expansión por España. No lo dudé. EL 6 de agosto abrimos al público la cafetería – heladería CASSATA en Ferrol. 

¿Qué productos comercializas?

CASSATA quiere ser el lugar preferido en Ferrol, para merendar y refrescarte en verano con una variedad de helados artesanos, batidos, granizados… pero también para calentarse en invierno, con cafés, chocolates y postres.

  ¿Has tenido que renunciar a alguna faceta de tu vida personal para poder llevar la empresa a los más alto?

Bueno, todavía no considero que esté en lo más alto, recién estoy en la pista de despegue y lidiando con la pandemia.

Para emprender, tuve que trabajar sol a sol y aparcar mi vida social y personal anterior por completo.

  ¿Para ti que es un buen trato hacia us empleados?

Un buen trato a los empleados es tratarlos como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Estoy muy orgullosa del equipo que hemos formado en CASSATA. Suelo decirles gracias cuando se van a casa, les agradezco el esfuerzo por todo.

 ¿A qué problemas te enfrentas en tu día a día?

Mi obsesión diaria es la mejora continua. Al tratarse de un local grande con dos terrazas en un paseo marítimo, el número de clientes depende mucho del tiempo y la época del año hace que haya picos muy fuertes, lo que hace que esté revisando continuamente, el tiempo, número de empleados necesarios, roles de cada uno, stock necesario disponible a tiempo…

¿Si pudieras regresar en el tiempo, volverías a tranajar en Cassata?

Sin duda. Lo que aprendí este año no se enseña en ningún master.

¿Sientes discriminación por el hecho de ser mujer?

Sobre este tema, creo que puedo escribir un libro. He roto muchos techos de cristal. Empezando por mi familia, que quería que fuera enfermera; después trabaje en el mundo de finanzas, que en mis comienzos era mayoritariamente masculino, y viví en países donde les cuesta aceptar que la jefa sea una mujer.

Hay líneas que no hay que dejar que se sobrepasen nunca.

En CASSATA, algún cliente se ha sorprendido de que yo fuera la dueña del local. No les culpo. Todavía queda mucho por hacer en España en este tema. Primero con las mujeres, haciéndonos respetar nosotras y entre nosotras. Cuando consigamos eso, lo demás vendrá solo.

 

Foto: Raquel Vázquez R.