Alguien dijo que en un ataque nuclear el único ser vivo que sobreviviría sería la cucaracha. Sin despreciar la opinión entomológica y la capacidad del dictióptero, en ASCEGA estamos seguros que el autónomo español en resistencia se la merienda.
La situación que a la que nos enfrentamos los que nos arriesgamos a trabajar por cuenta propia y las respuestas que recibimos de las administraciones nos obligan, cada día, a cuestionarnos todo y a todos. En las últimas semanas hemos recibido en nuestra sede a casi todos los representantes políticos de las administraciones que deberían ser más cercanas al ciudadano: autonómica, provincial y municipal. El balance es, por ahora, frustrante. Nuestros representantes están, en la seguridad de sus cargos, tan alejados de la realidad como de Saturno. El espectáculo de enfrentamientos por los temas más nimios está dejando en evidencia su escasa preocupación por la situación que viven empresas y familias. Cuando les hemos transmitido las preocupaciones de nuestro colectivo que, no lo olvidemos, es creador de riqueza y empleo, se miran como si les estuviésemos hablando en sánscrito.
Es curioso que desde sus puestos, sin responsabilidad y sea cual sea su ideología, tomen decisiones sobre nuestras actividades tanto impositivas como reguladoras sin ponerse en los zapatos del que vive de su negocio. Resulta muy fácil decretar cierres sectoriales sin asumir los gastos o cualquier tipo de responsabilidad y pretender que sigan los empresarios asumiendo todas las facturas como si no pasase nada: alquiler, nóminas, seguros sociales y proveedores.
Si, como los datos y la inacción política se empeñan en confirmar, la situación actual se alarga, nuestros representantes deberían empezar a asumir que somos los creadores del 80% del, cada vez más escaso, empleo generado por la economía productiva o que son las aportaciones de nuestras empresas y negocios las que sostienen su tinglado. Eso y que, como las cucarachas , suponemos, nuestros hijos tienen la mala costumbre de comer 365 días al año.