Acabamos de dejar atrás un puente que suele suponer el último cartucho de la temporada para muchas empresas de nuestra zona. Un puente en el que Galicia acostumbra a ser un destino muy atractivo: los días aún son largos, coincide con la fiesta del Marisco en las Rías Baixas, la naturaleza está imponente, es la última escapada antes de las fiestas navideñas… En fin, eso es lo que solía ocurrir. Hasta ahora, claro. Porque este año nada puede ser lo mismo. Y, por desgracia, hemos vuelto a comprobarlo.
El sector turístico, y por extensión buena parte de la economía gallega, han vuelto a sufrir un varapalo considerable en este puente del Pilar. Y con un agravante que hace que sea aún más difícil soportar la situación en esta ocasión.
Con motivo del primer confinamiento y el cierre por decreto de los negocios hoteleros y hosteleros, el Gobierno habilitó una serie de prestaciones para tratar de paliar parte de las pérdidas que iban a sufrir estos empresarios. Había, por ejemplo, la posibilidad de acogerse a los Ertes, a las ayudas por cese de actividad o a la exención del pago de cuota de autónomos. Pero hete aquí que en la situación en la que nos encontramos actualmente, prácticamente nada de eso existe.
¿Y por qué?, se preguntarán algunos. Pues según el Gobierno porque esas empresas en este momento no están obligadas a cerrar, pueden seguir trabajando. Sujetas, eso sí, a estrictas reducciones de aforo y de horarios. Ah!, pero trabajan, con lo cual, se escuda el legislador, no tienen derecho a ninguna prestación.
No se puede ser más cínico. De acuerdo que no hay un confinamiento general ni un cierre obligado de los negocios. Pero existen muchísimos confinamientos parciales que en la práctica vienen a ser lo mismo, porque el cliente no puede llegar. Y no solo es que no pueda, es que las autoridades, esas mismas que nos niegan las ayudas, les están pidiendo que no salgan, que no viajen, que no consuman. ¿El resultado? En realidad el mismo que durante el primer confinamiento. Prácticamente ningún ingreso. Pero esta vez con más gastos y ninguna ayuda para afrontarlos.
El Gobierno nos dice: no tienen derecho a prestación porque pueden trabajar. Pero ¿con quién voy a trabajar si no me llegan los clientes? ¿Para qué abro? ¿A quién espero?
Ante una situación así urge tomar medidas. Quizá no puedan ser del calado y la cobertura de la primera ocasión, de acuerdo, pero hay que tomar medidas. La primera de ellas es eximir a los empresarios y autónomos que están sufriendo esta situación de algunas de sus obligaciones fiscales. Por ejemplo, del pago mensual de la cuota de autónomos. Ya que no puedo ganar al trabajar, por lo menos que no tenga que pagar por hacerlo.
Después, en función de cómo evolucione la situación de la pandemia quizá haya que articular otro tipo de prestaciones, no lo descarten. Pero la exoneración del pago de la cuota mensual a la Seguridad Social para los empresarios afectados debería ser automática e inmediata. Ya le está faltando tiempo, señor Sánchez.

José Luis Vilanova