Si algo sabemos los que, cada vez menos, trabajamos por cuenta propia y creemos en la iniciativa privada es transitar por los vaivenes de las crisis económicas. Nadie mejor que nosotros sabe lo que es apretarse el cinturón cuando vienen mal dadas, sin perder el ánimo y afrontando la cruda realidad con valentía. Esta semana, aún siendo corta en días laborables, nos trae anuncios inquietantes desde el limbo político. El lunes el Ejecutivo central anunció la eliminación del techo de gasto y un aumento del 54% del endeudamiento para, según dijo la portavoz del Gobierno, no dejar a nadie atrás. Aparquemos este mantra y vayamos al meollo de la cuestión. Imaginemos a los más de 1,8 millones de trabajadores por cuenta ajena que están en ERTE o a los 3,8 millones que engrosan las listas del paro o los 1,5 millones de autónomos que han tenido que cesar su actividad. Personas que, como es evidente, han visto rebajados de forma considerable sus ingresos o, sencillamente, ya no tienen ningún ingreso. ¿Alguien se puede imaginar a más de siete millones de personas que están en una situación tan precaria, llegar a su casa y presumir de forma irresponsable de que ya no hay que hacer ningún sacrificio en la economía familiar, que no hay que prescindir de ningún gasto superfluo, que no pasa nada por gastar más de lo poco que se ingresa y que corra el marisco y el vino del bueno?

Nadie en su sano juicio adoptaría esta actitud irresponsable, pero nuestros políticos nos demuestran, una vez más, que habitan en un planeta diferente al común de los mortales. Es evidente que incrementar el déficit y la deuda pública de manera desproporcionada va a hipotecar de forma irreversible el futuro de los más jóvenes, que son los que van a pagar los platos rotos. Y la pregunta que surge es: ¿De verdad que no es posible prescindir de ningún gasto que en estos momentos no es imprescindible? A saber: miles de asesores en los gobiernos del Estado, autonomías, Diputaciones, Ayuntamientos y demás chiringuitos públicos, coches oficiales a cientos, generosas dietas, subvenciones millonarias a asociaciones y entidades afines al régimen de turno y un largo etcétera de capítulos económicos que pueden ser eliminados por la tijera del sentido común para no engordar la ya abundante deuda que asola nuestro país. No se trata de dejar a nadie atrás, hay que ayudar a millones de personas que están en estos momentos en riesgo de exclusión social, se trata de terminar con el despilfarro y los peajes intolerables de los privilegiados políticos que siguen viviendo como si viviésemos en Alicia en el País de las Maravillas.

Si algo hemos aprendido tras las sucesivas crisis económicas que azotaron España, desde la primera en 1982, es que ningún político es capaz de crear 800.000 puestos de trabajo. Quien es capaz de crear empleo somos los autónomos, los emprendedores y los empresarios, si tenemos la suerte de que los políticos no nos lo pongan muy difícil. Las promesas de inversiones millonarias para los tres próximos años nos parecen un brindis al sol a los autónomos y pymes que solo tenemos la preocupación de luchar a brazo partido para superar este crudo invierno. Si las administraciones públicas no se unen, como ha pedido ASCEGA de forma reiterada, para movilizar recursos económicos YA y ayudarnos en esta situación límite que padecemos, ya no quedará tejido productivo en el que invertir los prometidos 72.000 millones de euros.

Los autónomos y pymes nos encontramos cada vez más solos en este duro desierto de la crisis económica, generada por la deficiente gestión de la pandemia del coronavirus. No prestamos atención a los cantos de sirena que prometen inversiones millonarias en los próximos años, porque solo nos preocupa si vamos a poder abrir nuestros negocios mañana. No entendemos los mensajes triunfalistas que eliminan el techo de gasto y que condenan a las futuras generaciones a pagar una deuda astronómica, generada por la falta de previsión y la mala gestión de nuestros políticos.

Cada día se quedan por el camino muchos autónomos que han trabajado a brazo partido durante toda su vida. Cada día miles de empleados de pymes engrosan las listas de los ERTE o del paro. Sabemos que Europa nos va a prestar dinero para tratar de salir de este agujero y hay preguntas importantes:

1. ¿Cuáles son las condiciones que tiene que cumplir España para disponer de esos fondos?

2. ¿Cuándo vamos a disponer realmente de esos fondos europeos?

3. ¿Cuál es el plan detallado del Gobierno de España para reactivar la economía actual e impulsar nuevos modelos productivos que permitan a las personas disponer de un trabajo digno?

Queda muy poco tiempo para tocar fondo. ¡Espabilen!