Acogió nuestra isla de A Toxa el pasado fin de semana la segunda edición de un prestigioso foro, un poco al modo y uso del club Bilderberg, en el que se dieron cita algunas –e insisto en lo de algunas- de las personas más influyentes y con mayor poder de este país. Hasta la isla grovense se acercaron mandatarios estatales y autonómicos, influyentes políticos y expolíticos (si es que alguna vez lo dejan de ser), grandes empresarios, banqueros y hasta el rey Felipe VI.
Entre los objetivos planteados por este foro estaba el de “pensar en el mundo post-covid 19: desde el equilibrio geoestratégico hasta las políticas para la recuperación económica; desde el impulso a la digitalización hasta el funcionamiento de las instituciones multilaterales; desde la situación de nuestros jóvenes hasta el nuevo papel del Estado”.
No está mal como declaración de principios. Aunque tampoco estaría de más que estas mentes pensantes no fijasen tan lejos sus objetivos y dedicasen parte de su sabiduría a lo que tenemos más cerca. Es muy difícil, cuando no imposible, planificar el futuro cuando no se es capaz de arreglar el presente.
En ese orden de grandes cosas, ideas e intenciones, el Rey abogó en el discurso inaugural por un modelo de “economía verde y digital”, a la vez que por un nuevo modelo productivo “inclusivo”. No seré yo quien desdiga al monarca. Al contrario, estoy en plena concordancia con sus deseos.
Pero bien sabemos que la realidad es tozuda y que suele tener la costumbre de despertarte con un sopapo de semejantes ensoñaciones. Y esta vez no tengo que recurrir a ejemplos ajenos para corroborarlo.
Quien estas líneas suscribe tiene un negocio a no más de 15 minutos de la maravillosa isla en la que se celebró el foro en cuestión. Pues bien, en ese negocio, no es que no tenga fibra, es que ni siquiera tengo cobre, con lo que mi conexión telefónica y de internet es ¡por radio! Sí, señores, como lo oyen. En pleno siglo XXI, un negocio que ha sido destacado por las mejores publicaciones internacionales de su sector puede ofrecer a sus clientes conexión wifi gracias a dos routers cuya señal es recibida por radio. Ya se pueden imaginar el esfuerzo (económico y personal) que eso supone y las dificultades que implica para competir en un mundo absolutamente globalizado en el que lo que prima es la inmediatez.
Ojalá los deseos de Felipe VI se hagan realidad y tengamos, efectivamente, un modelo productivo “verde, digital e inclusivo”. Pero de momento, desde la Galicia rural, aunque esté a 15 minutos de A Toxa y a 10 de Sanxenxo, eso lo vemos aún muy, muy lejos.
También respecto a este foro me ha llamado la atención que personas como Felipe González o Josep Borrell nos vengan ahora a dar lecciones. Al primero le recuerdo que fue él quien aprobó un estatuto para los expresidentes que los dota de importantes prebendas, amén de una importante paga vitalicia. Estatuto, por cierto, que inmediatamente fue copiado por los presidentes autónomos y del que estos días hemos visto, escandalizados, como se beneficia el señor Torrá.
Y el segundo, no lo olvidemos, fue multado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) por usar información privilegiada en la venta de acciones de la compañía Abengoa, de la que era consejero, justo un día antes de que suspendiera pagos y se desplomara en Bolsa.
Si esos son los valores que vienen a inculcarnos, apaga y vámonos. O mejor, apáguense y no vengan.

José Luis Vilanova.