José Luis Vilanova (Pontevedra, 1966) es empresario multisectorial, dedicado al diseño, el turismo y el vino. Lleva vinculado al mundo del asociacionismo desde hace muchos años: comenzó como presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios de Pontevedra y actualmente es el presidente de la Federación de Empresarios de Arosa y de la Federación de Empresarios de Enoturismo. Cada martes acude a su cita con los lectores de Dario de Pontevedra, en donde escribe sobre los retos y las preocupaciones a los que se enfrenta el sector y que, a partir de ahora, podremos leer también en la web de Ascega.

-Lleva muchos años vinculado al asociacionismo. ¿Por qué ha decidido seguir en primera línea?

-Es un canal, una manera de transmitir una inquietud… una forma de contactar con las instituciones –que hagan caso o no ya es otra cosa– y de hacer llegar la voz de nuestros asociados, algo que, de forma individual, sería mucho más complicado. No digo que sea fácil, pero es una forma de hacer llegar propuestas a quienes pueden cambiar las cosas.

-¿Cómo ve la situación actual?

-Es complicada, muy complicada. Ya no iba bien antes en nuestro país en su conjunto y tampoco a nivel autonómico. Cada año recibimos en España a casi 85 millones de visitantes, en unas zonas más que en otras, pero que luego ese dinero da de comer a otras empresas. El turista que llega a Barcelona en el Mobile, a las Fallas de Valencia, a la Feria de Abril, a Ifema… ese dinero entra en España y luego llega a las rías altas o bajas. Este año, al no entrar, tenemos un problema: no tenemos esa fuente de ingresos y tampoco somos demasiado competitivos en la exportación, así que dependemos de la financiación exterior.

-Que luego habrá que devolver…

-Efectivamente. Además, no hemos hecho reformas como sí han hecho otros países de nuestro entorno, bajando la presión fiscal al turismo y a los servicios, como sí han hecho Alemania o Italia.

-¿Qué otros problemas tiene España?

-Tenemos 3.200.000 autónomos en un país de 46 millones de habitantes. En el mercado libre hay muy poca gente; el resto depende, de forma total o parcial, de un sueldo del erario y eso asfixia al otro lado. Vivimos en un sistema caducado. Esta situación debería servir para hablar de algo de lo que no se habla: cambiar el sistema para beneficiar el mercado libre, de forma que pagásemos menos impuestos y fuésemos más libres. El sistema de muchas administraciones no está dando buen resultado y habría que reducirlas para adaptarlo al de otros países de nuestro entorno.