La situación por la que están atravesando los empresarios de hostelería, uno de los sectores más importantes para el PIB y más golpeados por la crisis, empieza a ser profundamente preocupante. Especialmente para el sector del ocio nocturno que, no es que tengan restricciones de aforo o de horario, sino que directamente no pueden abrir sus puertas. Hablamos con María de Lillo, al frente de Rialto; Belén Calvete, propietaria de Backstage y Astoria, y Pablo Gallego, que regenta el restaurante que lleva su nombre, sobre la situación, sus preocupaciones y cómo ven un futuro que, por mucha energía que quieran ponerle, no puede ser demasiado optimista.

«Una de las cosas que me arrepiento es de no haber abierto en junio, aunque fuera solo la terraza –recuerda María de Lillo–; porque la gente salía desaforada y estuvimos cerrados por una ley absurda. No lo hicimos por hacer las cosas bien y creo que fue un error». «Parecía que se iba a acabar el mundo –comenta Pablo Gallego-; parecía fin de año: todo el mundo quería beber y gastar». «Cuando abrí el Astoria en junio no daba crédito. A mí me dio un subidón –añade Belén Calvete–estaba feliz… hasta que llegó agosto».

Los tres nos comentan cómo fue para ellos el confinamiento, la salida en tropel, los contagios, las incertidumbres y los presagios que hay para el futuro.

LICENCIA DE CAFÉ-BAR

En algunos ayuntamientos, como Ferrol o Sanxenxo, han ofrecido a los propietarios de los locales de ocio nocturno acogerse a otra licencia, la de café-bar, para poder abrir sus puertas, al menos hasta la una de la madrugada.

María de Lillo: Claro, cambias la licencia y cuando todo esto pase, ¿qué ocurre?

Belén Calvete: Lo que realmente quieren es cargarse esas licencias en la ciudad.

María de Lillo: Exacto. Si tú bajas de categoría, luego las licencias en zona centro de muchos sitios no se da.

Belén Calvete: Es Zona Acústicamente Protegida y es imposible.

María de Lillo: ¿Y qué va a pasar luego si rebajas la licencia? ¿Te van a volver a dar la misma que antes?

Belén Calvete: Yo tengo un jefe ahora mismo, que es el Gobierno, que decide mi vida. No soy yo. Pues indemnízame, si no soy apta para trabajar.

Pablo Gallego: Y que nos cobren el IVA del 21 % de los productos de limpieza, de las mascarillas…

María de Lillo: Cuando fue el tema de la pandemia esperamos hasta que pudiéramos hacerlo por licencia. Y, cuando se pudo, abríamos todos los días desde las ocho de la tarde y el viernes desde las cinco. Realmente, funcionábamos como cafetería hasta que no nos dejaron.

Belén Calvete: Yo tengo otro local, que es café-bar, y en ese puedo abrir hasta la una, que también me parece un crimen en pleno agosto, con terraza, no abrir hasta las dos. Déjame ganar una hora. Y tan traviesos son los adultos a esa hora como los niños en el colegio. Y el nivel de contagio, también.

María de Lillo: En septiembre el horario ya es hasta la una y media. Paseas por sitios y ves locales «de toda la vida» de tarde cerrados por esa licencia y, enfrente, pandillas de adolescentes haciendo botellón.

Belén Calvete: Y en las casas. Ahora todo el mundo está en las casas.

SEGURIDAD

Los locales son responsables de la seguridad de quienes acuden a ellos pero también, de alguna manera, tienen que proteger a sus empleados, que están más expuestos que otros colectivos porque los clientes tienen que quitarse las mascarillas para consumir.

María de Lillo: Nosotros, al fin y al cabo, tenemos portero, persona que está encima de la gente, desinfectamos y llevamos un control. En las casas… sin mascarillas, abrazándose…

Belén Calvete: Yo me siento más segura en el local que en mi casa.

Pablo Gallego: La idea está bien pero está mal planteada, como siempre. Lo que hay que controlar es quién cumple la ley y quién no. Lo que no pueden es estar los camareros de policías. Es como si vas a atracar un banco y multan también al cajero por dejarse robar. No veo a la policía controlando los locales que no cumplen la normativa. Es muy injusto que ellas estén cumpliendo a rajatabla, porque les están encima… No puede ser que porque uno vaya a 200 por la autopista cerremos la autopista. El problema viene por una persona vinculada a un pub y ni siquiera sabemos si es el caso cero. Este señor se ha contagiado en un gimnasio y los gimnasios siguen abierto pero como es portero en un pub, hala, cerramos todo.

Belén Calvete: Cogíamos el nombre al entrar, tomábamos la temperatura, vigilábamos que se guardaran las distancias y, aun así, la gente estaba encantada. Porque somos animales de costumbres y hay que aprender a socializar con esta nueva vida.

María de Lillo: A nosotros nos decían: «Me siento seguro». Tenían que haberse puesto mucho más duros y haber puesto más multas. Hemos pagado justos por pecadores. Y realmente la policía ha ido a todos los locales y ha visto cuáles cumplen y cuáles no, porque ha aparecido en todos.

Pablo Gallego: Igual es tirar piedras contra mi propio tejado pero creo que tenían que haber adelantado los horarios en todo. Hay una diferencia enorme entre hacer un poquito y estar en casa, hay un abismo. No es lógico bajar a cenar a las once. Obliga a los restaurantes a cerrar a las once y así ellos ganan una hora más y ya vivimos todos.

CRIMINALIZACIÓN DE LA HOSTELERÍA

En todas las películas hay un «malo» y, en esta ocasión, muchos hosteleros sienten que se les ha hecho responsables de brotes que, en la gran mayoría de los casos, no tienen nada que ver con ellos.

Belén Calvete: Se nos ha criminalizado pero todos los que estamos aquí y todos los demás, queremos ir a los bares. Nos gusta socializar. Y, si no, te vas a una casa. Y mira cómo están las playas, los parques… ¿Las madres no van a hablar cuando lleven a los niños al colegio? ¿Que los niños no van a hablar unos con otros?

Pablo Gallego: Y a cambiarse las mascarillas.

María de Lillo: ¡Y a chupar la pelota!

Belén Calvete: Tenemos que aprender a vivir con esto porque va a estar. Es responsabilidad personal.

Belén Calvete: Yo tengo a mi gran jefe que me pone los horarios y me obliga a cerrar. Pues me tendrán que indemnizar. A mí me cobran el alquiler. Y el agua, la luz, el seguro… y no puedo trabajar.

Pablo Gallego: A mí me mandan ayudas para cambiar el sistema informático… para que yo invierta en algo.

Belén Calvete: Yo para el Astoria reclamo más horario. Va a ser lo mismo a la una que a las dos. Y en el otro, que está cerrado, a lo mejor puedo entenderlo, pero yo no lo cerré, quiero trabajar y me estás obligando a hacerlo. Pues como jefe que eres hazte cargo de mis gastos y de las consecuencias de que esté cerrado.

María de Lillo: Yo no entiendo la diferencia entre locales. ¿Qué piensan, que en discotecas o pubs van a a estar sin mascarillas? Al revés, para eso tenemos a gente encima y si no te pones la mascarilla, te vas a la calle.

Belén Calvete: Y la gente, con tal de estar, se pone lo que sea. Porque lo que quiere es estar. Lo comprobé el mes que abrimos.

María de Lillo: Nosotros no tuvimos ningún problema de ningún cliente que se pusiera en plan «yo no quiero ponérmela», ni que tuviéramos que echarlo. Todos estaban agradecidos.

Belén Calvete: Con los aforos, en un local de 200 metros yo metía a 60 personas. Pero aun así me compensaba, no iba a hacer dinero pero me mantenía, porque la gente venía antes. Distancia, temperatura, mascarilla y cogíamos el nombre. Y todo el mundo lo hacía con tal de sentirse normales y escuchar música y tomarse una copa. La otra alternativa es estar en casa, porque van a estar igual.

AYUDAS

En otros sectores, cuando se obliga a hacer un cierre hay un paquete de ayudas dispuesto para sobrellevar la situación. Los hosteleros creen que no se les tiene en cuenta.

María de Lillo: Han hecho un plan de ayudas pero no se está tramitando. El Presco es una ayuda minimísima… Y del Estado ni siquiera me han dejado meter a los empleados en el ERTE.

Pablo Gallego: En este trabajo, que es muy voluble, que no sabes cuánto vas a trabajar mañana, en el momento en que quieres sacar a la gente del ERTE, ya no puedes dar marcha atrás. Por eso muchos empresarios se lo piensan. Y no sé lo que voy a tener la semana que viene.

María de Lillo: Cuando fue lo de cerrar a la una de la mañana, lo avisaron un viernes a mediodía. ¿Qué gestoría está abierta el viernes a mediodía? O tienes muy buena relación y llamas a los dueños o te ves totalmente indefensa.

Belén Calvete: Se tienen que hacer responsables de lo que nos están haciendo. Si tú, por necesidades sanitarias, nos limitas, nos tienes que compensar de alguna manera.

María de Lillo: Hay prejuicios en torno al sector.

Pablo Gallego: Nos ven como delincuentes.

María de Lillo: Aquí llueve mucho. Cuando se den cuenta de que la gente no puede estar en la playa, no tienen trabajo porque el sector hostelero se ha ido al garete verás tú qué risa.

Belén Calvete: Somos una ciudad de servicios. Nos vamos a volver tristes. No cogeremos el covid pero va a ser peor. Del covid, lo más probable es que salgas pero yo de mi pobreza no sé si voy a salir. Cuando abrimos en julio, estaba bien, llevándolo con respeto pero trabajando.

María de Lillo: Hay muchos locales de ocio nocturno que trabajaban por el día. Dales esa oportunidad. Pero no con la jugada de cambiar la licencia… porque si no la sueltan es por algo. Que nos dejen elegir.

Pablo Gallego: Igual se podría hacer una licencia temporal. Sin tener que renunciar a la que ya tienen, darle un «salvoconducto» durante un mes o dos meses o lo que sea.

DIÁLOGO INSTITUCIONAL

A la hora de adoptar soluciones, el sector siente que no han contado con ellos, sobre todo para adoptar medidas que, en muchas ocasiones, no son razonables porque no se les ha consultado. Al menos, antes de tomarlas, aunque haya habido reuniones a posteriori.

María de Lillo: En el sector del ocio nocturno sí que hubo una asociación que se reunió con la Xunta…

Pablo Gallego: A posteriori.

María de Lillo: Sí y porque se hace ruido, porque si no, tampoco. Se reunieron y, por lo que sé, no han conseguido mucho.

HORARIOS

El cierre a la una de la madrugada en verano supone dejar de hacer una mochila que, en muchos casos, ayuda a sobrellevar un invierno que, en esta ocasión, se prevé especialmente duro.

Belén Calvete: Cerrar a la una es un crimen en verano. Cierra a las dos y comemos todos un poco más. Es mucha diferencia.

María de Lillo: Sobre todo por el tema de las terrazas. No puedes generalizar y tratar a todos los locales igual, porque no es lo mismo. Por metros. No es lo mismo una discoteca que el Backstage o Rialto. Nosotros tenemos terraza, déjanos usar la terraza. El Chiringuito de Sada pidio a la Xunta poder trabajar en agosto de día. Ellos trabajan de día en verano porque es un chiringuito que está en la playa. Hay sitios que los asocias como cafetería pero por la licencia de antaño, no pueden. Quien tenga terraza, que la pueda usar. Y estoy de acuerdo con Belén con lo de la una. ¿Qué pasa, que se activa el virus a la una? No hay más peligro sentado en un local que en una casa. No concibo que hicieran lo que hicieron con el sector en pleno agosto.

Belén Calvete: Yo tengo más miedo en mi casa.

BROTES

Pablo Gallego: Yo no conozco a compañeros que hayan pillado el virus en su local. Lo han pillado fuera.

María de Lillo: Es que en hostelería no ha habido ningún caso.

Pablo Gallego: Vives más con tus compañeros en casa. Y hay casos aislados, eso es que lo traen de fuera. Sino, lo tendríamos todos.

Belén Calvete: Tenemos que hacer del Covid algo de responsabilidad personal. Es como lo de conducir: si vas a 200 te la vas a pegar y te vas a llevar una multa.

Pablo Gallego: Lo que no me gusta es que cierren las autopistas. No me dejes ir a 120, pero al menos déjame ir a 80. Llegaré más tarde pero al menos llego. Déjales hasta las dos.

INVIERNO

María de Lillo: ¿Qué va a pasar cuando llegue octubre, empiece a llover y no puedas tener terraza? ¿Cuántos van a cerrar? Porque si no nos dejas los meses en los que la gente tiene más alegría y sale más, porque en invierno la gente sale menos, llueve y no pueden estar al aire libre… ¿qué va a pasar? Cuando se vayan de la playa, empiece el mal tiempo y se den cuenta de que no hay dinero… ¿qué va a pasar?

Belén Calvete: Estaba yendo todo muy bien.

María de Lillo: En marzo, siendo un poco tajante, no necesitábamos que viniera nadie de fuera. Estábamos facturando de maravilla.

Belén Calvete: ¿El fin de semana anterior al confinamiento? Fue de los mejores. Yo tengo una vida establecida. Lo que te cambia la incertidumbre

FUTURO

Pablo Gallego: Tenemos una meta, que es llegar a la primavera de 2021. Los que sobrevivamos, si estamos entre ellos… pero van a cerrar mucho. Y yo no confío en el Gobierno ni en los bancos. Confío en que, si no puedo afrontar un pago, el proveedor me pueda dar vidilla. Son los únicos en los que confío.

Belén Calvete: Hay cosas como el pago del alquiler que, en mi caso, aun siendo la mitad, es mucho. La mitad de algo cerrado sigue siendo muchísimo. Y luz, agua, alarma, seguro… ¿qué haces? Es un mes, otro mes… Si me obligas a cerrarlo, afróntalo. Yo me gasté 20.000 euros en insonorizar el local en enero.

Pablo Gallego: Los políticos tienen un concepto tan erróneo para gestionar las cosas. No hablan con nosotros pero tampoco hablan con economistas. Juegan con un dinero que no es de ellos y no tienen ni idea de cómo sacar dinero de las piedras. Son como borregos. A veces prefieren cobrarte un recargo o que cierres que ponerte las cosas fáciles para que sigas generando dinero y dando puestos de trabajo. Pero si se acaban los autónomos, si hay despidos, cierres… todo eso llega arriba. ¿De qué vive un Estado?

Belén Calvete: Tampoco les interesa esta situación porque en hostelería somos muchos. Muchísimos.

Pablo Gallego: Esto es como un barco: si solo lo cargas de un lado, se hunde.