Para un gallego, a poco que ejerza, es oír bica y pensar en un bizcocho esponjoso y riquísimo que tomar acompañando a un café, con o sin licor. Pues, a partir de ahora, si escuchas «bica» en un contexto económico, que sepas que no es una propuesta a ampliar perímetro abdominal, sino una opción bastante menos dulce. VICA es el acrónimo de moda y procede de la unión de las primeras letras de las palabras Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo. Es perfecto porque nace arropado por uno de los postureos más usados por aquellos que quieren aparentar que son guays aunque no lleguen a chachis: hablar con siglas, que siempre viste y da una imagen más global a la par que moderna. El término no es nuevo; lo inventó en 2013 un sociólogo de nombre rimbombante, como no podía ser de otra forma, Zigmunt Bauman, aunque él lo hizo en inglés y lo denominó VUCA, para aplicarlo a conceptos como la modernidad o la sociedad líquida. En resumen, se trata de un mundo en el que las cosas van mucho más deprisa que en la época de nuestros abuelos y se acabaron cosas como el trabajo o el matrimonio para toda la vida. Vivimos como los granujas, a todo ritmo, y eso hace que nada sea permanente y que prime lo volátil, incierto, complejo y ambiguo. Algo que, seguramente, no pasaba en el mundo ADC (Antes Del Coronavirus). Nunca la humanidad se ha tenido que enfrentar a guerras, enfermedades, catástrofes naturales o cualquier otro tipo de crisis que surgiese de repente y sin que nadie la hubiese incluido en las previsiones. El mensaje que transmite cualquier entidad financiera es que deberíamos ir acostumbrándonos a esa NN (Nueva Normalidad) y aprender a vivir bajo estos nuevos parámetros, que es el momento de demostrarnos a nosotros mismos nuestra capacidad de adaptación y que no podíamos pretender seguir permanentemente pegados a una misma silla. Algo que, seguramente, nunca ha tenido que afrontar un autónomo o un pequeño empresario, para el que la única bica de la que ha oído hablar se come. Volátil, Incierto, Complejo y Ambiguo son una realidad a la que se enfrentan día a día sin tener que ponerle nombre, ni siglas, ni términos en inglés. Un constante no tener NPI de lo que va a pasar pero confiando siempre en que todo termine DPM.