A Coruña cuenta con una nueva sala para exposiciones de arte a través de una iniciativa singular porque parte desde un colectivo de emprendedores y pequeños empresarios. El espacio de la nueva sede de ASCEGA en la capital herculina (Antón Vilar Ponte, 11 – bajo) es desde el pasado miércoles un punto de encuentro para la cultura y el arte al alcance de todos los públicos. En el evento colaboró Bodegas Lustau, que ofreció una degustación de su vermut rojo a todos los presentes.

La primera muestra, que se podrá contemplar hasta finales del mes de marzo y en horario de 11 a 14 y de 18 a 20 de lunes a jueves, está a cargo de Manuel Suárez Casal (A Coruña, 1972), artista que ya se ha mostrado en una treintena de exposiciones individuales o colectivas y que recibe ilusionado la opción de presentarse en una nueva sala con 18 de sus obras más recientes que él mismo define como una mirada hacia su interior. “Para mí es muy importante inaugurarla porque estoy seguro de que tendrá una gran trayectoria. Necesitábamos espacios así en A Coruña, que es una ciudad con una grandísima tradición de pintura, pero un poco adormecida. Es una sala espectacular y el proyecto de ASCEGA me transmite mucho”, apunta Suárez.

El proyecto no es precisamente común y tiene dos patas. Por una parte subyace la inquietud de una asociación de emprendedores por dar visibilidad al artista como uno de los suyos. “Se trata de una actividad que puede dar lugar a un desarrollo económico importante, que genera puestos de trabajo”, explica Alberto Seoane, integrante de la junta directiva de la Asociación de Emprendedores de Galicia. “Además –completa- hemos detectado que en A Coruña apenas quedan espacios para exponer y nos parece buena idea dedicar nuestro local a acoger unas seis muestras al año, de un mes de duración cada una”. En esa línea incide Leticia Castromil, que ejerce como comisaria de una iniciativa que trata de acercar el arte al público más generalista. “Es muy necesario este tipo de impulsos. Los artistas suelen estar apartados del mundo comercial. No se venden bien. Y ya no es una cuestión de venta sino de acercarlos a la gente y que se perciba que entender el arte no es complicado sino que es una cuestión de sensaciones, de lo que te transmita”.

La idea de ASCEGA se sostiene por una parte en la muestra, pero tiene otro pilar no menos importante a través del que fomenta el micromecenazgo, un mecanismo colaborativo mediante el que una serie de socios de la asociación realizan aportaciones económicas periódicas para tener acceso a la obra de artistas locales. “Es el invento de los inventos”, define Manuel Suárez, que recuerda que se trata de algo ancestral. “Podemos remontarnos a la Italia del Renacimiento, pero en el siglo XXI y en A Coruña es una manera de que yo pueda pagar la luz de mi taller y poder centrarme en darle continuidad a mi obra”, detalla.

El Club de Arte tiene un punto romántico, el de darle soporte a un artista para que de rienda suelta a todo lo que lleva dentro. Pero también expone una ausencia, la de una ley de mecenazgo que promueva iniciativas artísticas desde un ámbito privado. Y como dice Suárez nos remonta a aquel entorno italiano. En el actual, y en Galicia, lo habitual es que los patrocinios a los artistas lleguen desde instituciones públicas o fundaciones, que es donde se detiene la iniciativa privada.

Un autónomo, una sociedad limitada o una sociedad anónima no tiene beneficios por comprar arte. Tampoco una persona física. La ausencia de una ley de mecenazgo privado, que apoye a los artistas va en detrimento del desarrollo cultural. “Y las instituciones llegan hasta donde llegan, muchas veces a lo más llamativo. Nosotros estamos más en la calle y sabemos lo que se mueve. Queremos quitar además el estereotipo de que comprar arte es de ricos”, describe Alberto Seoane.

El funcionamiento del club de arte es sencillo. Se han formado, en principio, dos grupos de micromecenazgo con asociados de ASCEGA. Cada grupo sufraga a un artista durante un año. Al siguiente se intercambiarán. Cada integrante del grupo abona una cuota base mensual y tiene derecho a una obra del artista al que apoya. “Comprar arte es, de esta manera, más asequible y de paso garantizamos un ingreso fijo para que el artista se pueda enfocarse en su labor”, explica Seoane.