En apenas cuatro años el salario mínimo interprofesional ha pasado de los 655,2 euros a los 950, y con la promesa de llevarlo a los 1.200 en el horizonte de este legislatura. Gobierno, patronal y hasta oposición han festejado o, como poco deslizado, su satisfacción. Incluso algún presunto representante de los autónomos se ha dejado ver entre tales juglares.

Mientras tanto los pequeños empresarios que intentan crear empleo se preguntan como van a poder cumplir con los costes salariales que se les impone. En dos años el empujón al salario mínimo se sitúa en el entorno del 30%. No hablamos de porcentajes similares en baremos como el índice de precios al consumo, la productividad media nacional o el incremento de la participación del trabajo en la renta nacional. En una situación económica que tiende a la depresión y en la que se destruye empleo, los incentivos para crearlo han sufrido un serio revolcón. Situar el salario mínimo muy por encima de la productividad resta oportunidades de empleo, justo lo contrario de lo que se supone que deben buscar los popes que lo han engrosado.

La contratación de trabajadores es ahora más cara y dificultosa. La subida anual en coste laborales superará los 3.000 euros. Pymes y autónomos tienen que afrontar más gastos en cuotas a la Seguridad Social. Subyace una encubierto, o no tanto, aumento recaudatorio. El Estado se nutre de nuevos ingresos por la nueva base imponible de los trabajadores. La base mínima sube hasta los 1.108 euros, 58 euros más al mes que hasta ahora.

Los perceptores del salario mínimo se encuentran, sobre todo, en las micropymes, que lo tendrán más complicado para crear empleo y si lo hacen lo harán a costa de sus ganancias, que repercuten entre otros detalles en generar más empleo. La última subida del SMI destruyó, según diversos analistas independientes, unos 45.000 empleos durante el año pasado. Entonces las noticias ya habían sido nefastas, con la supresión de ayudas para la contratación indefinida de trabajadores jóvenes o para proyectos de emprendimiento.

El nuevo Gobierno ha decidido que los salarios crezcan muy por encima de la productividad y sin guardar relación ni con ella ni con el talento. Y en una decisión populista castigará a aquellos a los que, si no se escarba un poco, parece que quiere apoyar. Los más afectados por la destrucción de empleo que se viene serán los jóvenes, los que traten de trabajar por cuenta ajena o de emprender, los que tratan de hacer camino en el comercio o la hostelería. En 2018, el coste total de un empleado para un autónomo era de 1.139,73 euros, con un salario base de 735,9 euros. Dos años después y otras dos subidas mediante, el coste se ha elevado a 1.471,31 euros. ¿Han aumentado sus ingresos a ese nivel?