“Fue algo muy molón, una iniciativa por la creatividad y que permitió desarrollar la obra que estábamos larvando. Era nuestro camino, algo muy genuino”, explica Óscar Brandariz, Branda, cuando mira hacia el año 2000. Veinte años se van a cumplir de aquella experiencia, de la Feria del Emprendedor organizada por la Asociación de Xóvenes Empresarios Marineda que dejó un espacio en la vieja Estación Marítima de A Coruña para que una serie de pintores de la ciudad expusiesen su obra. De allí brotó una idea singular, la de una suerte de club de artistas en el que 16 personas sufragaban un salario periódico para tener acceso a obra de dos de esos pintores. Branda era uno de ellos. Pablo Gallo el otro. Luego vinieron más, hasta 2007. Ahora bastantes de aquellas personas están en ASCEGA y en un guiño al calendario vuelven a mirar a Branda y Gallo para hacer lo que el primero define como un “maravilloso revival”.

Hay un sentido romántico en todo esto, en darle un soporte a un artista para que de rienda suelta a lo que lleva dentro. Pero subyace también una ausencia, la de la una ley de mecenazgo que promueva iniciativas artísticas desde un ámbito privado. “Para nosotros aquello significó mucho. La Feria del Emprendedor fue una explosión. Nos dimos a conocer gente muy joven que estábamos empezando”, recuerda Pablo Gallo, que entonces tenía 24 años. Ahora, consolidado en la industria del arte como Branda y muchos de aquellos compañeros de quinta, valora la libertad que le ofrece esta suerte de mecenazgo en la que se vuelve a embarcar. “Fue una oportunidad para las dos partes y seguro que volverá a serlo”, incide. Branda lo ve de manera similar: “Entonces fuimos pioneros y se gestó un coleccionismo muy chulo”.

El artista es un emprendedor, para ASCEGA es uno de los nuestros. Articular un apoyo es, además, lógico para una asociación que quiere distinguirse, plagada de socios con sensibilidad que no perciben el arte como un negocio especulativo sino como algo que aporta valor a sus vidas. La creatividad mueve el mundo. Por eso es preciso que broten proyectos culturales sostenidos con financiación privada, como ocurrió a lo largo de la historia. Y mirar para los que ya tienen una trayectoria como Gallo o Brandariz, pero también hacia los jóvenes que quieren hacer ahora el camino que ellos recorrieron en las últimas dos décadas. “En aquel momento la jugada no se acabó en nosotros dos y debe ocurrir lo mismo ahora. Será beneficioso para todos. Es necesario apoyar a los artistas que surgen ahora, abrirles posibilidades”, resalta Branda, que mira hacia delante y hacia atrás. También al presente. Y concluye: “No me quiero detener tan sólo en la naturaleza de todo esto sino en la perspectiva temporal. Veinte años después somos los mismos y somos distintos”.