Las jornadas organizadas por nuestro grupo de trabajo sobre Ley Concursal y Segunda Oportunidad prosiguieron el pasado día 21 con una visita particular. Javier Gil Lloréns (Vigo, 1961) estuvo mas de tres décadas al frente de su empresa en el sector de la construcción, impulsó una de las primeras asociaciones empresariales en el sector y ahora ejerce como coach profesional con empresarios y particulares. Se levantó, cayó, se volvió a levantar. Y lo cuenta. Lo hace en su web www.javiergilllorens.com, en “Como ser tu mejor yo”, un libro que plantea claves para entender, aprender y gestionar un fracaso empresarial. Lo hizo también en ASCEGA en una charla que tituló “El potencial humano frente a la incertidumbre”.

¿Qué es la incertidumbre para un emprendedor?

Es todo ese camino que recorres desde una idea que te puede llegar como un fogonazo, casi como un sueño. Los trámites para desarrollarla, la búsqueda de local o de financiación, la decisión de si te acompañas de alguien o de quién te rodeas en cuanto a personal, las dudas sobre si el mercado va a responder. La incertidumbre es compañera del emprendedor y tiene mucho que ver con la confianza. Y eso se desarrolla también.

¿Existen herramientas para hacerlo?

Yo opero en ese sentido con empresarios de pymes o de grandes compañías, personas que son como usted y como yo, que tienen dudas en algún momento. Muchas ideas empresariales se edifican desde la ensoñación y ese es un terreno peligroso. Parte de mi trabajo tiene que ver con el acompañamiento, el empoderamiento y con ayudar a que se analice con objetividad esa idea durante el proceso de puesta en marcha.

¿Soñar es peligroso?

No, pero hay que poner un contrapunto de realidad y de aspecto crítico. Trabajar sobre aquello que puede salir mal y entenderlo. No se trata de cortar las alas al pájaro sino considerar todos los supuestos y estar preparado para enfrentarlos. Una media de cuatro de cada cinco ideas empresariales se vienen abajo al cabo de tres años. Acostumbro a incidir de la situación en la que se encuentra una persona cuando se le cae el negocio, cuando sucede aquello que nunca pensaba que iba a ocurrir y pierde patrimonio o años de esfuerzo. Me gustaría reflexionar sobre que pasa con esa persona a nivel social o particular, que es lo que tiene que hacer para relanzarse y como debe canalizar esa experiencia. Porque si decides vivirla como un fracaso será, sin duda, un fracaso. Todos tenemos capacidad para darle un enfoque de aprendizaje a ese tipo de acontecimientos. Y es ahí donde existe un potencial tremendo que se puede desarrollar.

¿Qué es un empresario que cae?

Un mirlo blanco porque ha alcanzado un conocimiento. ¡Cómo vamos a apartar a esa gente! Es una pena la ley concursal y de segunda oportunidad que existe en España comparada con la que se aplica en otros países incluso de nuestro entorno. Hay que desarrollarla mucho y debemos de encontrar un político que agarre el toro por los cuernos y lo haga.

Usted fundó la Asociación de Empresarios de Material de Construcción (ASEMACO). ¿Qué valor le concede al asociacionismo?

Un inmenso valor. Porque da mucha fuerza. De aquello hace ya un cuarto de siglo… Entonces veías a la competencia por la calle y mirabas para otro lado. Conseguimos que sucediese todo lo contrario, pero nos costó hacer muchas llamadas y superar numerosos recelos porque existía la creencia de que te ibas a dejarte ver y que te desnudabas ante los competidores. Lo que ocurrió fue todo lo contrario. La gente se fue relajando, surgieron colaboraciones y comenzamos a pasarnos información útil. Alcanzamos convenios que sólo se podían lograr a nivel colectivo en materia de vehículos, seguros, desplazamientos… Entendimos que el asociacionismo es poder.