Hablemos de lo nuestro, de lo cercano. De la vuelta al cole, del fin de las vacaciones, de la cuesta de septiembre, de los atascos y de lo mucho que cuesta llegar a fin de mes también en octubre.

O hablemos de lo de otros, de lo lejano. Del no gobierno, de la precariedad, de los inmensos beneficios empresariales de las multinacionales que no pagan impuestos en España, de los migrantes (que acabarán mutando en inmigrantes o emigrantes, que para ‘pasarlas canutas’ da lo mismo) y hablemos de si tendremos que usar pasaporte para ir a ver a la reina… de Inglaterra.

Ya hemos establecido el contexto, ya hemos hablado de lo cercano y de lo lejano. ¿Y ahora qué?

Pues nada, todo sigue igual que antes de hablar de ello. Parece que en esta leve pendiente hacia la ‘Neo Crisis’ no hay mutaciones, seguimos avanzando impulsados por la gravedad (de la situación).

Empieza una nueva temporada (no sólo futbolística) y al pequeño comerciante de cualquier ciudad, las cuentas no le cuadran. Lo mismo le pasa al autoempleado que se buscó la vida por su cuenta porque nadie le daba otra opción. Y también zozobra aquella startup que mucho prometía pero a la que el dinero de sus inversores no alcanzó para cumplir esa promesa.

Mucho nos tememos que la falta de dinero en los bolsillos de los consumidores se va a notar más este otoño (tanto que nos va a parecer invierno) y que eso va a recrudecer la competencia mutándola en una competición desleal en la que gana el que mete antes que el otro la mano en los susodichos bolsillos por muy tiesos que estos estén. Y mucho nos tememos también que serán, de nuevo, los grandes quienes se lleven el gato (o la cartera) al agua.

Lo que no vamos a permitir es que nos carguen con toda la culpa de no ser capaces de sacar adelante nuestros micro negocios. Con esto no estamos diciendo que siempre hagamos todo bien, ya sabemos que no es así, a la mayoría de los autónomos nadie nos ha enseñado a serlo, hemos aprendido a base de golpes, y el resultado final no es siempre perfecto. Podremos ser responsables de no lograr el éxito pero nunca seremos culpables al cien por cien de nuestro fracaso.

En el modelo económico actual, el autónomo está obligado a competir en un entorno absolutamente hostil (especialmente por su falta de recursos económicos). El emprendedor soporta una carga impositiva exagerada, especialmente si necesita contar con personal (de ahí que ‘contratar’ se conjugue en su libro de gramática como verbo ‘irregular’) además de asumir el riesgo de impagos por parte de sus clientes como una certeza. Y, por si lo anterior no fuera suficiente, ese pequeño empresario deberá hacer frente a unos costes de transporte, energía, servicios financieros y logística tan desproporcionados que, si consigue obtenerlo, verá lastrado su, ya de por sí, exiguo beneficio.

El difícil reciclaje profesional, el no aprendizaje de nuevas competencias (especialmente digitales) y la masiva entrada de competidores por arriba (las grandes empresas que olfatean oportunidades y arrasan con los nichos de mercado que encuentran) y por abajo (otros autoempleados -paridos por necesidad- a los que se les ha convencido de que “vale la pena intentarlo” por quienes no han intentado nada jamás en su vida), harán muy difícil la supervivencia de muchos, especialmente los que se encuentren solos, débiles o, simplemente cansados, al principio de la ‘Neo Crisis’.

¿Neo Crisis? Esto… ¿qué es lo que es?

Aunque en realidad nunca hemos dejado atrás la CRISIS con mayúsculas, lo que nos viene encima ahora es un brusco despertar de esa falsa esperanza en la que nos habíamos acurrucado, soñando que la pesadilla había terminado y que todo volvería a ser igual.

En los últimos 10 años nos hemos ido acostumbrando a la precarización laboral, a la temporalidad, al low cost, al consumo colaborativo, a cambiar libertad por comodidad, a ser  nosotros mismos ‘el producto’, a los ansiolíticos…  y esto, mucho nos tememos, no es sinónimo de ‘café para todos’ sino más bien de ‘achicoria para la mayoría’.

Expertos en economía -poco sospechosos de representar oscuros intereses capitalistas- recomiendan peculiares fórmulas para afrontar lo que ha venido para quedarse (esta ‘Neo Crisis’) como nuestro modus vivendi. Si parafraseamos alguna de ellas -enmascarando un poco sus palabras para parecer algo originales- podríamos decir que las armas para batallar con esta nueva situación son tres: Netflix, cerveza en abundancia y algún pequeño subsidio estatal, regional o local.

Lo de cobrar cualquier prestación habiendo sido autónomo te será un poco más difícil, pero compartir una suscripción a Netflix con otros cuatro y, de vez en cuando, comprar una docena de ‘birras’ en el super quizá esté a tu alcance, con lo que ¡adelante! elige la serie que más te guste, abre la primera cerveza, sumérgete plenamente en tu matrix particular y olvídate para siempre de la maldita ‘Neo Crisis’…  ¿Verdad que sólo de pensarlo ya te sientes mejor?